Entrevista al escritor y profesor de filosofía, autor de Historias urbanas
Adolfo Miguel Pérez de la Torre (Sabanalarga, 1989) es escritor y profesor de filosofía. Nació en Sabanalarga (Atlántico), pasó sus primeros años en Luruaco y llegó a Barranquilla hacia 1992-1993, cuando tenía unos tres o cuatro años. Hoy trabaja como profesor en el municipio de Soledad y se define, ante todo, como caribeño. Es autor de Historias urbanas (ITA Editorial, 2024), un conjunto de relatos independientes que recogen las experiencias de un profesor de filosofía en la ciudad y sus escenarios, con ecos de Álvaro Cepeda Samudio, Rafael Chaparro Madiedo y Jack Kerouac. El libro, de 88 páginas, es el resultado de una década de “cazar historias”.
En esta conversación habla de sus orígenes, de la semilla de su escritura, del proceso del libro, de las recomendaciones que da a los jóvenes, del desafío de un mundo que lee menos y de la inteligencia artificial, y de cómo se ve a sí mismo como escritor.
¿De dónde eres realmente?
Soy un paria. Nací en Sabanalarga. Mis primeros años transcurrieron en Luruaco. Mi papá es de Luruaco y mi mamá de Ibachar. Hacia 1992-1993, con tres o cuatro años, me vine a Barranquilla. Ahora soy barranquillero: la ciudad me adoptó. Trabajo en Soledad y Soledad también me ha adoptado. Ante todo me considero caribeño.
¿De dónde nació tu pasión por la filosofía y la escritura?
Primero vino la literatura. Hay un recuerdo de infancia, en 1991, en Luruaco, con mi mamá, frente a un equipo de sonido, escuchando un audiolibro —casi seguro de Disney, creo que de Aladino—. Estaba sentado en sus piernas mientras veíamos el libro y escuchábamos el audio. Se creó una relación muy fuerte. De ahí viene una especie de “lectura inmersiva” que hago ahora: con un diseñador de la Universidad Autónoma armamos un video con imágenes y yo leo en vivo. Es como una proyección de ese recuerdo.
En el bachillerato, en la educación pública, llenaba cuadernos de poemas que empezaron como canciones. Me mueve más escribir por la música, el cine y mis experiencias que por lo que había leído. En la adolescencia había leído muy poco, aunque había una pequeña biblioteca que dejó mi papá y que releía por las tardes al regresar del colegio.
La filosofía llegó después, como necesidad de un oficio. Es muy difícil vivir de la literatura. A los 14 o 15 años, en noveno grado, pensé: ¿dónde más se puede leer y escribir si no es en filosofía? La primera opción era literatura, pero era difícil. La segunda fue filosofía: sabía que la mitad del tiempo la dedicaría a la docencia y la otra mitad a seguir escribiendo. Un libro que me tocó mucho en la adolescencia fue El caballero de la armadura oxidada: algo sencillo, casi de autosuperación, pero me movió. También una película, Sus ojos se cerraron y el mundo siguió andando, una versión sobre la vida de Gardel. Me sentí impulsado a escribir por ella.
Dejando de lado al escritor, ¿quién es Adolfo de la Torre como persona?
Esencialmente soy un tipo de otra generación conectado con las juventudes de hoy. Creo firmemente que a través del arte, de la vida y de una profesión puedes hacerte un oficio e incluso aportar a la transformación de tu comunidad. Soy alguien que cree que puede transformar el mundo con el arte.
¿Historias urbanas es tu primer libro?
No. Es el segundo. El primero lo escribí en la universidad: un libro de cuentos surrealistas, todavía inédito. Decidí salir con Historias urbanas porque es una apuesta más realista, casi crónica, aunque tiene realismo mágico. Paralelamente estoy trabajando en un libro de cuentos infantiles con actividades para niños de 5º, 6º y 7º, y acabo de terminar una novela que se llama Ciudad de pueblo, pueblo y ciudad, dirigida principalmente a las mujeres y a la gente que viene del campo a hacerse una vida en la ciudad.
Hablas de que tardaste diez años en recopilar los relatos. ¿Cómo fue ese proceso?
Fue una decisión. Me di cuenta de que la buena literatura no es tanto cómo se escribe o cómo se cuentan las cosas, sino las cosas que se cuentan. Remitiéndonos a Gabo, muchas de las cosas “mágicas” que narra no lo son tanto por cómo las escribe, sino por lo que narra. Me dediqué a cazar historias. Es difícil estar un año entero esperando que aparezca una, pero cuando aparece dices: esta tiene magia. Se descartó una que otra; una infantil la pasé al libro de cuentos para niños (“Historia de amor en carnaval”).
Es algo parecido a lo que hizo Truman Capote: pasó años caminando el sur de Estados Unidos cazando historias y de ahí salió A sangre fría. Hemingway también vivió o cazó prácticamente todas las suyas. La idea esencial es esa: la buena literatura no está tanto en cómo está escrita, sino en lo que narra.
¿Crees que Barranquilla en esos diez años se ha transformado o sigue siendo la misma en esencia?
Ha cambiado, claro: más edificios, transformaciones urbanas. Pero en esencia sigue siendo la misma. Las verdaderas historias son universales y eternas; por eso los clásicos siguen dando de qué hablar. A veces caemos en el cliché de ambientar historias colombianas en Madrid o en Estados Unidos. En Barranquilla hay historias perfectamente universales que pueden reflejarse en cualquier lugar del mundo.
¿Cuál sería tu top de libros o autores que recomiendas?
Siempre es difícil. Lo ideal es que la gente lea lo que le interese y busque por ahí; tenemos Google para encontrar clásicos sobre cualquier tema. Las recomendaciones son subjetivas, pero puedo sugerir algunos: los jóvenes colombianos deberían leer mucho a Andrés Caicedo; retrató a la juventud colombiana. A Gabo hay que leerlo: es esencial para ser colombiano y caribeño. No empecé por Cien años de soledad; recomiendo El amor en los tiempos del cólera y, sobre todo, El general en su laberinto, que él mismo recomendaba como punto de entrada. Y las mujeres, especialmente las colombianas, deberían leer muchísimo a Marvel Moreno, toda su obra. Menos mal que está de moda; incluso le hicieron una serie.
Los tres autores que recomienda Miguel
- Andrés Caicedo
- Gabriel García Márquez (El amor en los tiempos del cólera, El general en su laberinto)
- Marvel Moreno

Jóvenes que quieren escribir y el desafío de la lectura y la IA
Como profesor de adolescentes, ¿te has topado con muchos que quieran escribir?
Sí, aunque es un porcentaje pequeño. Hay muchísimos chicos con ganas: me muestran pensamientos, poemas, historias. Tratamos de apoyarlos. En el colegio hicimos un proyecto bonito: un libro ilustrado a un chico que se apoyó en la IA para una historia de ciencia ficción; el colegio le financió el machote y lo llevamos a la feria del libro de Soledad.
¿Cómo se enfrenta un escritor a un mundo que cada vez lee menos y a la inteligencia artificial?
Sobre la lectura: siempre el nivel de lectores ha sido bajo, desde la antigüedad y la Edad Media. Se ha mantenido. Hoy la cultura del libro sigue fuerte: en la FILBO llegaron 15.000 personas diarias; eso es una barbaridad. Hay limitantes —precios, distribución, acercar el libro a los jóvenes—, pero la cultura del libro no decae.
La IA la he usado como “jefa de manager” o asistente, por ejemplo para redactar un proyecto editorial y mandar la novela a editoriales, pero nunca para escribir. Puede escribir muy bien, pero nunca va a tener la emoción, el sentimiento, la semilla que hace a un buen escritor. Puede describir una colina, pero no ver cómo serpentea el calor sobre ella. Es un aliado, un complemento, no un reemplazo. Negarse al cambio tampoco tiene sentido; si la usas bien, facilita labores.
¿Cómo te ves en 20 años como escritor?
Estoy en un momento en que escribo como un tren. No sé qué esperar del futuro. Hay superestrellas y artistas menores; ambos aportes son valiosos. Gabo fue la superestrella: el Nobel, la televisión, el éxito en vida. Andrés Caicedo es un artista menor, pero sus aportes a la literatura urbana y juvenil colombiana son increíbles. Chopin decía que la verdadera gloria viene después de la muerte. Dejemos que el destino tire los dados. Por ahora estoy concentrado en escribir, en el presente.
¿Crees que Barranquilla en los próximos diez años nos va a seguir contando muchas historias buenas?
Lo que viene es bueno. Un gran escritor puede escribir sobre algo que pasa hace diez años y sigue pasando. Las verdaderas historias son universales y eternas.
¿Dónde y cómo se puede conseguir Historias urbanas?
En el enlace de la biografía de mi perfil de Instagram (Adolfo de la Torre oficial) hay un enlace directo a la editorial. También tengo ejemplares de la última centena que me llegó; pueden escribirme por DM y se los envío por Interrapidísimo.
Historias urbanas es, en palabras de su sinopsis editorial, “todo sobre la ciudad y la vida urbana moderna”. Adolfo de la Torre lo presenta como el resultado de una década cazando esas historias que, según él, tienen magia porque nacen de lo que se vive y se observa, no solo de cómo se escriben.
