Frente Nacional: el pacto que apagó La Violencia en Colombia y, sin quererlo, ayudó a encender otra guerra

Hilos · Historia de Colombia

En julio de 1956, en Benidorm, en la costa mediterránea española, se reunieron dos hombres que representaban a los bandos de una guerra civil no declarada. Alberto Lleras Camargo, liberal, viajó a ver a Laureano Gómez, el líder conservador exiliado tras el golpe del general Gustavo Rojas Pinilla. De esa conversación salió la idea que gobernaría Colombia durante dieciséis años: repartirse el poder.

El Frente Nacional (1958-1974) es uno de esos acuerdos que se juzgan de forma muy distinta según la pregunta que se le haga. Si la pregunta es si detuvo la matanza entre liberales y conservadores, la respuesta es mayoritariamente sí. Si es si construyó una democracia abierta, la respuesta es no.

Datos clave

  • Qué fueAcuerdo bipartidista para alternarse la presidencia y repartir por mitades los cargos públicos
  • VigenciaDe 1958 a 1974
  • OrigenDeclaración de Benidorm (24 de julio de 1956) y Pacto de Sitges (20 de julio de 1957)
  • Plebiscito1 de diciembre de 1957: unos 4,4 millones de votos por el sí frente a cerca de 207.000 por el no
  • PresidentesAlberto Lleras Camargo, Guillermo León Valencia, Carlos Lleras Restrepo y Misael Pastrana

Dos partidos que se odiaban

Para entender el pacto hay que entender el miedo. Desde finales de los años cuarenta, y con más fuerza tras el asesinato de Jorge Eliécer Gaitán en 1948, Colombia vivía el periodo conocido como La Violencia, una guerra entre militantes de los dos partidos tradicionales con un saldo que las estimaciones más citadas sitúan en torno a 200.000 muertos. En 1953, Rojas Pinilla tomó el poder con apoyo de buena parte de la élite, que lo veía como un pacificador. Cuatro años después, esa misma élite quería que se fuera.

La Comisión de la Verdad conserva el texto de la Declaración de Benidorm, en el que los dos jefes políticos proponían algo inédito.

Crear un gobierno o una sucesión de gobiernos de coalición amplia de los dos partidos.

Declaración de Benidorm, 24 de julio de 1956

Rojas Pinilla renunció el 10 de mayo de 1957, tras un paro nacional, y una junta militar de cinco generales asumió hasta agosto de 1958. El 1 de diciembre de 1957 los colombianos aprobaron en plebiscito la reforma que establecía la paridad entre los dos partidos: según la revista Credencial Historia, del Banco de la República, el sí obtuvo 4.397.090 votos y el no, 206.864. Fue también la primera vez que las mujeres votaron en una consulta nacional en Colombia.

La alternancia que nadie votó

Un detalle suele olvidarse. El plebiscito consagró la paridad, pero no la alternancia en la presidencia. Esa regla, que obligaba a que un liberal sucediera a un conservador y viceversa, llegó después, mediante una reforma constitucional aprobada por el Congreso en 1959. Así, el primer presidente, Alberto Lleras, fue liberal; le siguieron el conservador Guillermo León Valencia, el liberal Carlos Lleras Restrepo y el conservador Misael Pastrana.

El resultado fue un sistema cerrado. Cualquier fuerza que no fuera liberal o conservadora tenía que presentarse bajo la etiqueta de uno de los dos partidos para competir. Los cargos se repartían por mitades. La política se volvió un asunto de cuotas, y la oposición real quedó sin canal institucional.

El 19 de abril de 1970

La elección de 1970 mostró los límites del modelo. El candidato oficial, el conservador Misael Pastrana, se enfrentaba al exdictador Rojas Pinilla, que había fundado la Alianza Nacional Popular (Anapo) y canalizaba el descontento popular. Según las cifras oficiales, Pastrana ganó por 1.625.025 votos contra 1.561.468, una diferencia de poco más de 63.000.

Durante la noche del escrutinio, el ministro de Gobierno, Carlos Augusto Noriega, prohibió que las emisoras divulgaran boletines con resultados, y se decretó toque de queda. La Comisión de la Verdad recoge que el propio Noriega reconoció años después que pudo haber habido fraude en algunas regiones. La convicción de que a Rojas le habían robado la elección se instaló en una parte del país.

De ese sentimiento surgió el Movimiento 19 de Abril, el M-19, que tomó su nombre de la fecha de los comicios. En 1974 se dio a conocer con una campaña publicitaria enigmática y el robo de la espada de Simón Bolívar. El Frente Nacional terminó formalmente ese mismo año, pero sus costumbres, como el reparto burocrático entre partidos, duraron mucho más.

Lo que el pacto resolvió y lo que no

Los historiadores coinciden en que el acuerdo redujo la violencia partidista y devolvió el poder a los civiles. También en que excluyó a quienes no cabían en el binomio liberal-conservador y dejó sin resolver los problemas agrarios que alimentaban el conflicto. Es una doble herencia: pacificación entre élites y cierre del sistema político.

La lección incomoda a quienes buscan respuestas simples. Un pacto entre adversarios puede salvar una democracia, como ocurrió en Venezuela con el grupo que se formó en Barranquilla. Pero si no deja espacio a los que quedan fuera, la frustración busca otros caminos. Para el debate actual, vale leer Colombia, la dictadura perfecta y Gustavo Petro y las vías para reelegirse, dos textos sobre cómo se distribuye hoy el poder en Colombia.

Ver las fuentes consultadas
  1. Comisión de la Verdad, «Declaración de Benidorm»
  2. Comisión de la Verdad, «El fraude electoral»
  3. Revista Credencial Historia, núm. 201, «El Frente Nacional», Banco de la República

Imagen destacada (collage): Laureano Gómez en 1924, revista Plus Ultra (dominio público); Alberto Lleras Camargo, Arquivo Nacional de Brasil (dominio público); Gustavo Rojas Pinilla, ARSOF History (dominio público). Vía Wikimedia Commons. Collage: codiguillos.com (CC BY-SA 4.0).

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