Opinión · Democracia
Hay un número que resume el estado de ánimo político de América Latina: 52 %. Es la proporción de latinoamericanos que dice preferir la democracia a cualquier otra forma de gobierno, según el Informe Latinobarómetro 2026. Y es, por una coincidencia que no tiene nada de tranquilizadora, la misma proporción de quienes afirman que no les importaría que llegara al poder un gobierno no democrático si resolviera los problemas.
Creo que esa doble cifra merece más atención que cualquier encuesta electoral. Dice que la democracia en la región se sostiene, pero sobre un suelo que se mueve.
Latinobarómetro 2026 en cifras
- Apoyo a la democracia (región)52 %
- Mayor apoyoArgentina, 73 %
- Menor apoyoGuatemala, 35 %
- «No importaría un gobierno no democrático si resuelve problemas»52 % (44 % en 2002)
- De acuerdo con un poco de «mano dura»63 % (59 % en 1995)
- Muestra19.207 entrevistas cara a cara en 17 países, mayo y junio de 2026
Un mapa desigual
El promedio esconde diferencias enormes. Argentina encabeza el apoyo a la democracia con un 73 %, seguida de Uruguay (64 %), Costa Rica y Chile (63 %). En el otro extremo están Guatemala (35 %), Brasil (41 %), Honduras (42 %) y Ecuador (43 %). Los propios autores advierten que, con distancias de veinte puntos o más, es difícil hablar de «la democracia en América Latina» como si fuera un solo fenómeno. La encuesta, realizada cara a cara entre mayo y junio, no incluyó a Nicaragua por razones de seguridad, según explica la Corporación Latinobarómetro.
Hay un dato que me parece especialmente revelador: en Venezuela, el apoyo a la democracia también llega al 63 %. El informe lo califica de paradójico, porque se trata de un país que el propio Latinobarómetro clasifica como dictadura. Yo no lo veo como una paradoja. Quien ha perdido la democracia sabe mejor que nadie lo que vale. Sobre esa experiencia escribimos en nuestro análisis sobre el cambio de régimen en Venezuela.
La tentación de los resultados
La cifra que más me inquieta es la otra. Entre 2002 y 2026, la proporción de quienes aceptarían un gobierno no democrático que resolviera los problemas pasó del 44 % al 52 %. En nueve países supera la mitad. Paraguay encabeza la lista con un 71 %, seguido de Honduras (69 %) y El Salvador (62 %). Además, el 63 % de los latinoamericanos cree que «un poco de mano dura» no le viene mal a su país, una proporción que apenas ha cambiado desde 1995.
El caso salvadoreño es el ejemplo de manual. Según el informe, el apoyo a la democracia en El Salvador cayó del 68 % en 2009 al 28 % en 2018, el punto más bajo de toda la región. Nayib Bukele llegó al poder sobre ese desencanto, prometiendo resultados en seguridad. Los obtuvo, y a cambio el país perdió controles, contrapesos y, según el propio Latinobarómetro, su condición de democracia. Reporteros Sin Fronteras documenta, además, el acoso a la prensa independiente en el país.
“Izquierdas y derechas deben tener consenso al respecto: una dictadura no es una democracia.
Informe Latinobarómetro 2026
El problema de llamar a las cosas por su nombre
El informe pregunta también cómo califican los ciudadanos a distintos gobiernos. Cuba es vista como dictadura o régimen autoritario por el 77 % de los encuestados, Venezuela por el 73 % y Nicaragua por el 56 %. Solo el 38 % dice lo mismo de El Salvador. Y un 41 % considera que en Estados Unidos hay una dictadura o un régimen autoritario, algo que los autores atribuyen a un posicionamiento ideológico frente a su presidente.
Ese es, en mi opinión, el corazón del problema. Demasiada gente juzga a los regímenes según su simpatía por quien gobierna. A una parte de la izquierda le costó años llamar dictador a Daniel Ortega; a una parte de la derecha le cuesta hoy reconocer lo que ocurre en El Salvador. Es el mismo fenómeno que analizamos en por qué la izquierda y la ultraderecha admiran a Putin: el autoritarismo seduce a ambos extremos cuando les promete su versión del orden.
Lo que está en juego
Lo cierto es que si la mitad de la región está dispuesta a cambiar libertades por resultados, es porque muchas democracias no los han dado: inseguridad, corrupción, servicios que no llegan. La democracia no se defiende solo con discursos, sino gobernando bien. Esa es también la lección que planteamos en cómo se combate el discurso de un populista.
Pero tampoco acepto la falsa disyuntiva. Los gobiernos sin controles no resuelven los problemas de manera duradera; los esconden, porque eliminan a quienes podrían denunciarlos. La historia latinoamericana está llena de dictaduras que prometieron orden y dejaron cárceles, exilios y cuentas por pagar. Defender la democracia, con todos sus defectos, es defender la posibilidad de corregirla. Esa posibilidad desaparece el día en que se renuncia a ella.
Ver las fuentes consultadas
- Corporación Latinobarómetro, Informe Latinobarómetro 2026 (PDF)
- Corporación Latinobarómetro, sitio oficial y ficha técnica
Imagen destacada: centro de votación durante las elecciones presidenciales de Venezuela de 2024. Voz de América (dominio público), vía Wikimedia Commons.
