¿Quién quemó la Biblioteca de Alejandría? Lo que dicen las fuentes

Ningún personaje destruyó la Biblioteca de Alejandría de un solo golpe. Las fuentes antiguas hablan de un incendio provocado por Julio César en el año 48 a. C., de la devastación del barrio de palacio bajo Aureliano hacia 272 y de la demolición del Serapeo en 391. La historia de que el califa Omar ordenó quemarla en 642 es una leyenda tardía.

La pregunta parece sencilla y la respuesta popular cambia según quién la cuente: para unos fueron los romanos, para otros los cristianos, para otros los árabes. Lo que dicen los textos antiguos es menos dramático y más interesante: la biblioteca murió por etapas, y en buena parte por abandono.

Grabado del siglo XIX de O. Von Corven que imagina el interior de la Biblioteca de Alejandría (Wikimedia Commons, dominio público)
Recreación de la Biblioteca de Alejandría, grabado de O. Von Corven (siglo XIX). Dominio público vía Wikimedia Commons.

¿Qué era la Biblioteca de Alejandría y cuántos libros tenía?

La biblioteca nació a comienzos del siglo III a. C. bajo los primeros Ptolomeos, la dinastía macedonia que gobernó Egipto tras la muerte de Alejandro Magno. Estaba vinculada al Museion, una institución de sabios mantenida por el rey dentro del barrio de palacio. Allí trabajaron Calímaco, que elaboró los Pínakes (un gran catálogo de autores y obras), Eratóstenes o Aristarco de Samotracia.

Sorprende lo poco que sabemos de ella. No se conserva ningún relato antiguo de su fundación, y las cifras de libros que dan los autores antiguos son contradictorias: la Carta de Aristeas habla de 200.000 rollos con la ambición de llegar a 500.000; Aulo Gelio y Amiano Marcelino, de 700.000; el bizantino Juan Tzetzes, de 490.000 en el palacio y 42.800 en una biblioteca «exterior».

El historiador Roger S. Bagnall, en su estudio «Alexandria: Library of Dreams» (Proceedings of the American Philosophical Society, 2002), calculó cuánta literatura griega podía existir en el siglo III a. C. y concluyó que esas cifras no merecen crédito: la colección real fue probablemente mucho menor, quizá en un orden de magnitud. Hay que tener esto en cuenta cuando se habla de «todo el saber antiguo perdido en una noche».

¿Quemó Julio César la Biblioteca de Alejandría?

Es el sospechoso más antiguo. En el año 48 a. C., César quedó sitiado en Alejandría durante la guerra civil egipcia entre Cleopatra y su hermano Ptolomeo XIII. Para no perder el control del puerto, incendió los barcos, y el fuego se extendió a la zona portuaria.

Las fuentes no coinciden en el alcance del daño:

  • Plutarco (Vida de César, 49), a finales del siglo I d. C., afirma que el fuego pasó de los astilleros y «destruyó la gran biblioteca».
  • Séneca (De tranquillitate animi, 9.5) dice que «ardieron en Alejandría cuarenta mil libros», y cita a Tito Livio, que había lamentado esa pérdida.
  • Dion Casio (42, 38), en el siglo III, habla de almacenes de grano y de libros junto al puerto, lo que hace pensar que se quemaron depósitos y no la biblioteca de palacio.

Varios argumentos sugieren que la biblioteca sobrevivió. El geógrafo Estrabón vivió en Alejandría pocas décadas después y describe el Museion en funcionamiento. Suetonio cuenta (Domiciano, 20) que el emperador Domiciano, a finales del siglo I, envió copistas a Alejandría para reponer libros perdidos en Roma. Y la actividad erudita alejandrina continuó durante la época romana. Como señala Bagnall, suponer que la biblioteca ardió pero el Museion siguió intacto es una hipótesis poco económica. Lo más probable es que César causara pérdidas, quizá de libros almacenados en el puerto, pero no el fin de la institución.

¿Qué pasó con la biblioteca en época romana?

El declive empezó antes de César. Hacia 145 a. C., Ptolomeo VIII expulsó de la ciudad a buena parte de los intelectuales del Museion, entre ellos Aristarco, en represalia por su apoyo a un rival dinástico. Ateneo de Náucratis recuerda que Alejandría «llenó de sabios» las islas y ciudades vecinas. Para Bagnall, es poco probable que después de esa purga continuara una política activa de adquisición de libros.

Bajo Roma, el Museion siguió existiendo como una especie de pensión honorífica para sabios, a menudo concedida por favor político. El golpe más serio llegó en el siglo III. Hacia 272, el emperador Aureliano recuperó Alejandría de manos de la reina Zenobia de Palmira, y Amiano Marcelino (22, 16, 15) cuenta que en esos combates quedó arrasado el Bruquion, el barrio de palacio donde estaban el Museion y, presumiblemente, la gran biblioteca. Ningún texto antiguo menciona expresamente la biblioteca en ese episodio, pero muchos especialistas consideran esta la fecha más probable de su desaparición.

A esto se suma lo que Bagnall llama el «fuego lento». El papiro dura siglos en el desierto, pero no en el clima húmedo de Alejandría, donde no ha sobrevivido ni un solo papiro antiguo. Una biblioteca que no se recopia continuamente se deshace con el tiempo, los insectos y el uso.

¿Destruyeron los cristianos la Biblioteca de Alejandría?

En 391, con autorización del emperador Teodosio, el obispo Teófilo de Alejandría encabezó la destrucción del Serapeo, el gran templo del dios Serapis. Así lo narra el historiador cristiano Sócrates Escolástico (Historia eclesiástica, V, 16), que describe disturbios entre paganos y cristianos y el derribo de los templos.

El Serapeo había albergado una biblioteca «hija» de la principal, según el obispo Epifanio de Salamina. Pero ninguno de los relatos de 391 (Sócrates, Rufino, Sozomeno o el pagano Eunapio) dice que se quemaran libros. Unos años después, el historiador Orosio cuenta haber visto en los templos armarios de libros vacíos. Es posible que en 391 apenas quedara nada; también que se perdiera lo poco que quedaba. Las fuentes no permiten decidirlo.

Por eso hay que tener cuidado con relatos como el de la película Ágora (2009) de Alejandro Amenábar, que escenifica el saqueo del Serapeo como el fin de la gran biblioteca. Tampoco tuvo relación con ella la muerte de la filósofa Hipatia de Alejandría, asesinada en 415, veinticuatro años después.

¿Quemaron los árabes la Biblioteca de Alejandría por orden del califa Omar?

Es la versión más célebre. Según ella, cuando el general Amr ibn al-As tomó Alejandría en 642, consultó al califa Omar qué hacer con los libros. Omar habría respondido que, si coincidían con el Corán, eran innecesarios, y si lo contradecían, eran nocivos. Los libros, dice el relato, sirvieron de combustible para los baños de la ciudad durante seis meses.

El problema es que esta historia aparece por primera vez hacia el año 1200, más de cinco siglos y medio después de los hechos, en autores como Abd al-Latif al-Baghdadi, Ibn al-Qifti y el cronista siríaco Bar Hebraeus. Ninguna fuente cristiana ni musulmana contemporánea de la conquista la menciona, ni siquiera el obispo copto Juan de Nikiu, que describe la caída de Alejandría y no tenía ningún motivo para callar un crimen así de los conquistadores.

Además, el relato pone a Amr a dialogar con Juan Filópono, un filósofo alejandrino que había muerto hacia 570, unas décadas antes de la conquista. Desde el estudio de Alfred J. Butler sobre la conquista árabe de Egipto (1902), la mayoría de los historiadores considera la historia una fábula, quizá nacida para justificar, por contraste, la destrucción de bibliotecas en otras épocas. Bagnall la califica directamente de ficción.

Entonces, ¿quién quemó la Biblioteca de Alejandría?

La respuesta honesta es que ninguno de los grandes culpables encaja por sí solo:

  • César provocó un incendio que quemó libros, pero la institución siguió funcionando.
  • Ptolomeo VIII la vació de sabios más de un siglo antes.
  • Aureliano arrasó el barrio de palacio hacia 272, la fecha más probable para el fin de la biblioteca principal.
  • Teófilo destruyó en 391 el Serapeo, donde había existido una biblioteca menor, sin que sepamos qué quedaba en ella.
  • Omar es el protagonista de un relato muy posterior sin valor histórico.

Cada época ha elegido al culpable que más le convenía. Los ilustrados como Edward Gibbon descartaron la versión de Omar y apuntaron a los cristianos; otros autores han preferido culpar al islam; y el mito de una única noche en llamas ha alimentado la idea de un saber perdido para siempre. La realidad es más prosaica: la biblioteca desapareció por guerras, purgas políticas, falta de financiación y el deterioro natural del papiro. Las bibliotecas no solo se queman; también mueren cuando nadie las mantiene.

La Alejandría tardoantigua, con sus disputas entre obispos, prefectos y filósofos, es un escenario recurrente en estos hilos, como en el Latrocinio de Éfeso o en la época de Justiniano, que gobernó cuando la ciudad aún era un centro filosófico activo.

Preguntas frecuentes

¿Cuándo se destruyó la Biblioteca de Alejandría?

No hay una fecha única. Sufrió un incendio en 48 a. C., probablemente desapareció cuando Aureliano arrasó el barrio de palacio hacia 272, y su biblioteca «hija» del Serapeo se perdió como muy tarde con la destrucción del templo en 391.

¿Es verdad que el califa Omar mandó quemar la biblioteca?

No hay pruebas. La historia aparece por primera vez unos 550 años después de la conquista árabe de 642, no la recoge ninguna fuente contemporánea y contiene anacronismos. Los historiadores la consideran una leyenda.

¿Cuántos libros tenía la Biblioteca de Alejandría?

Las fuentes antiguas dan cifras entre 40.000 y 700.000 rollos, pero no son fiables. Estudios como el de Roger Bagnall estiman que la colección real era bastante menor. Además, un rollo equivalía a un capítulo o libro de una obra, no a un volumen moderno.

¿Qué se perdió con la Biblioteca de Alejandría?

Se perdieron copias de muchas obras griegas, pero gran parte de la literatura antigua desapareció por otras razones: dejó de copiarse cuando cambiaron los gustos y los programas escolares, o al pasar del rollo al códice. Muchas obras que estuvieron en Alejandría sobrevivieron porque había copias en otras bibliotecas.

¿Existe hoy la Biblioteca de Alejandría?

En 2002 se inauguró en Alejandría la Bibliotheca Alexandrina, una gran biblioteca moderna promovida por Egipto y la UNESCO en recuerdo de la antigua. No conserva fondos de la biblioteca original, de la que no ha sobrevivido ningún libro identificado ni restos arqueológicos seguros.

Fuentes: Roger S. Bagnall, «Alexandria: Library of Dreams», Proceedings of the American Philosophical Society 146 (2002), 348-362; Séneca, De tranquillitate animi 9.5; Plutarco, Vida de César 49; Dion Casio, Historia romana 42.38; Amiano Marcelino 22.16; Sócrates Escolástico, Historia eclesiástica V.16; Alfred J. Butler, The Arab Conquest of Egypt (1902).

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