Colombia debería verse en el espejo de Chile

Cuando Pinochet llegó al poder en Chile tras el golpe de Estado de 1973, su equipo económico se propuso reducir el Estado.

¿Cómo lo hizo?

1) Privatizando empresas públicas.
2) Recortando el gasto público.
3) Reduciendo el empleo estatal.

El primer resultado fue doloroso. En 1975, el ajuste de choque, sumado a la caída del precio del cobre, hundió la economía. Y en 1982 llegó algo peor: el PIB se desplomó cerca de 14%.

Ojo, esa segunda crisis no la causó solo el recorte del Estado. La provocaron un tipo de cambio fijo que no aguantó, un endeudamiento privado en dólares desbordado y una banca mal supervisada que colapsó y que el mismo Estado tuvo que rescatar. El desempleo rondó el 20% y, contando a quienes sobrevivían en los programas de empleo de emergencia, superó el 30%.

Pero…

A partir de 1984, con ajustes más pragmáticos, la historia cambió. La empresa privada se fortaleció, la apertura económica empezó a dar frutos y ese mismo año la economía creció más de 6%.

Lo más interesante: los gobiernos democráticos que llegaron desde 1990 no desmontaron ese modelo, lo mantuvieron y lo profundizaron. Entre 1990 y 2013 el PIB de Chile se multiplicó por más de tres y la pobreza bajó de cerca de 39% a menos de 8%. Hoy es una de las economías más sólidas de la región.

Ahora, que quede claro: la dictadura aplicó medidas económicas positivas, pero eso de ninguna manera justifica los crímenes de lesa humanidad que cometió, las violaciones a los derechos humanos ni haber socavado la democracia y las libertades. Y Chile demostró que ese modelo podía prosperar en democracia.

¿A qué viene todo esto?

A que Colombia, tarde o temprano, va a atravesar una crisis fiscal profunda.

Los gobiernos prefieren la vía fácil: cobrar más impuestos. Y evitan lo difícil: reducir el gasto. Porque recortar el Estado es doloroso, impopular y cuesta votos.

El problema es que ya no hay mucho más de dónde cobrar. Colombia recauda en impuestos cerca del 20% de su PIB; Alemania, el 38%. Y de los más de 6 millones de personas que declararon renta en 2024, apenas el 39% liquidó un impuesto mayor que cero. Pretendemos sostener un Estado de país rico con la base tributaria de un país de ingresos medios.

Las cuentas ya lo muestran. El déficit del Gobierno llegó a 6,7% del PIB en 2024, la deuda bruta superó el 61% y en 2025 el Gobierno activó la cláusula de escape para apartarse de la regla fiscal hasta 2027.

Chile enseña que recortar de golpe, en plena crisis, es brutal. Por eso lo sensato es hacerlo antes: con un plan, de forma gradual y con un colchón para los más pobres.

¿Y qué toca?

Toca privatizar empresas. Toca eliminar subsidios mal focalizados: solo el de la gasolina y el ACPM costó 36,7 billones de pesos en 2022. Toca fusionar o eliminar ministerios. Toca reducir la nómina estatal y los altos salarios públicos, porque el funcionamiento se lleva el 65,5% del presupuesto de 2026. Toca impulsar la empresa privada. Toca apoyar a los emprendedores.

Ese es el camino para que Colombia por fin salga de abajo.

De lo contrario, nos tocará el camino más fácil, pero más doloroso: seguir aplazando el ajuste hasta que la crisis nos lo imponga sin anestesia.

¿Usted qué piensa al respecto?

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