Los nietos del exilio: 163.020 españoles sin voto y la historia de quienes cruzaron el Atlántico huyendo de la guerra

Hay familias en Buenos Aires, en La Habana, en Ciudad de México, en Caracas y en Miami que guardan en un cajón el pasaporte viejo de un abuelo que llegó en barco. Muchos de esos nietos pidieron en los últimos años la nacionalidad española que su abuelo perdió al huir de la guerra. Se la dieron. Y ahora, a pocas semanas de unas elecciones generales, un tribunal les dijo que, por el momento, no pueden votar.

La historia tiene dos tiempos. Uno es de 2026 y va de tribunales, censos y recursos. El otro es de 1939 y va de barcos, puertos y gente que lo perdió todo. Los dos se tocan en la misma pregunta: ¿qué significa ser de un país?

Datos clave

  • Qué es: la «ley de nietos» es la disposición adicional octava de la Ley 20/2022 de Memoria Democrática de España. Permitió optar por la nacionalidad a hijos y nietos de exiliados, entre otros.
  • Cuántos: 876.321 solicitudes y 237.145 nacionalidades concedidas al 19 de septiembre de 2025, según el Gobierno español.
  • De dónde: más del 95 % de las solicitudes llegó a consulados de Iberoamérica y al de Miami. Argentina sola aportó el 42 %.
  • El conflicto: el Supremo suspendió el voto de 163.020 nacionalizados para las generales del 29 de noviembre de 2026, salvo que el consulado acredite que descienden de exiliados.
  • El exilio: las tres grandes expediciones de 1939 (Sinaia, Ipanema y Mexique) llevaron cerca de cinco mil republicanos a México.

Qué pasó esta semana

El 10 de septiembre, la Sala de lo Contencioso-Administrativo del Tribunal Supremo suspendió de forma cautelar las inscripciones en el censo de españoles residentes en el exterior de los nacionalizados por esta ley. Lo pidieron la asociación Iustitia Europa y el partido Vox, según Público. El tribunal argumentó que el «incremento extraordinario» del censo era un riesgo para la transparencia del proceso electoral.

El 12 de octubre, la Sección Cuarta de esa Sala rechazó el recurso de la Abogacía del Estado, que la Fiscalía apoyaba. Ambas habían advertido la «imposibilidad material» de revisar casi 170.000 expedientes antes de las elecciones, cuenta RTVE. Resultado: 163.020 personas no podrán votar el 29 de noviembre, salvo que las oficinas consulares acrediten que son descendientes de exiliados.

El matiz está en la letra pequeña. Para tramitar la nacionalidad, una instrucción de octubre de 2022 establecía que se presumía exiliado a todo español que salió de España entre el 18 de julio de 1936 y el 31 de diciembre de 1955. El Supremo ordenó no aplicar esa presunción para el voto. En otras palabras: no basta con que el abuelo se haya ido en esos años; hay que probar caso por caso que se fue por razones políticas.

El 16 de octubre, el Defensor del Pueblo, Ángel Gabilondo, presentó un recurso de amparo ante el Tribunal Constitucional y pidió medidas «cautelarísimas». Días antes lo había resumido así: «No se puede ser español con derecho a voto o español sin derecho a voto; sino que si eres español, tienes derecho al voto».

No se puede ser español con derecho a voto o español sin derecho a voto; sino que si eres español, tienes derecho al voto.

Ángel Gabilondo, Defensor del Pueblo de España (RTVE, octubre de 2026)

Qué dice la ley y a quién benefició

La disposición adicional octava de la Ley 20/2022 abrió la puerta a varios grupos: los nacidos fuera de España de padre, madre, abuelo o abuela que fueron españoles de origen y que sufrieron exilio por razones políticas, ideológicas, de creencia o de orientación e identidad sexual; los hijos nacidos en el exterior de mujeres españolas que perdieron su nacionalidad al casarse con extranjeros antes de la Constitución de 1978, y los hijos mayores de edad de quienes ya habían recuperado la nacionalidad por leyes anteriores. El plazo fue de dos años, con una prórroga de uno más, y se cerró en octubre de 2025.

Los números son de vértigo. Al 19 de septiembre de 2025, el Ministerio de Política Territorial y Memoria Democrática contaba 876.321 solicitudes y 237.145 nacionalidades concedidas. Argentina aportó el 42 % de las solicitudes (366.579), seguida de Cuba (12,24 %), Brasil (10,97 %), México (9,71 %), Chile (5,04 %) y Venezuela (2,45 %).

Gráfico de barras con el porcentaje de solicitudes de la ley de nietos por país: Argentina 42 %, Cuba 12,24 %, Brasil 10,97 %, México 9,71 %, Chile 5,04 % y Venezuela 2,45 %
De dónde llegaron las solicitudes de la «ley de nietos». Datos: Ministerio de Política Territorial y Memoria Democrática de España (19 de septiembre de 2025). Gráfico: codiguillos.com (CC BY-SA 4.0).

Esos porcentajes no son un capricho. Son el mapa de la emigración española en América, la económica y la política, la de los gallegos y asturianos que se fueron a «hacer la América» y la de los republicanos que salieron huyendo. La ley de nietos no distingue mucho entre unos y otros en la práctica, y ahí está buena parte de la pelea actual. Colombia, por cierto, no aparece desglosada en el dato oficial.

1939: la frontera, los campos y los barcos

Para entender de dónde vienen esos nietos hay que volver al invierno de 1939. Cuando Cataluña cayó, cientos de miles de personas cruzaron a pie los Pirineos hacia Francia. No era la primera ola: desde 1936 la guerra venía empujando gente hacia la frontera. Muchos terminaron en campos de internamiento en las playas francesas, con alambre de púas, arena y frío.

Fotografía en blanco y negro de mujeres, niños y ancianos refugiados españoles en Arreau, Francia, en 1938
Mujeres, niños y ancianos refugiados españoles en Arreau, en los Pirineos franceses, en abril de 1938. Foto: Albert Belloc, Archives départementales des Pyrénées-Orientales, CC BY-SA 4.0, vía Wikimedia Commons.

De esos campos salieron los barcos. El Servicio de Evacuación de Republicanos Españoles (SERE) organizó, con México, tres grandes expediciones en el verano de 1939: el Sinaia, el Ipanema y el Mexique, que llevaron cerca de cinco mil exiliados, según el Centro de Información Documental de Archivos del Ministerio de Cultura de España. El Sinaia llegó a Veracruz el 13 de junio de 1939 con 1.599 pasajeros, según la Cámara de Diputados de México; el Ipanema, el 7 de julio, con cerca de mil; el Mexique, el 27 de julio, con unos 2.200.

Fotografía de época de exiliados republicanos españoles a bordo del Sinaia con una pancarta que dice Negrín tenía razón
La cubierta del Sinaia, repleta de exiliados republicanos a su llegada a México en 1939, con la pancarta «Negrín tenía razón». Autor desconocido, CC BY-SA 3.0, vía Wikimedia Commons.

No fue solo México. El Winnipeg, impulsado por Pablo Neruda cuando era cónsul en París, llevó republicanos a Chile, y también llegaron barcos a la República Dominicana de Trujillo, que no simpatizaba con ellos pero quería más población. Sumando los puertos de México, Chile y la República Dominicana, la evacuación por barco hacia América superó los veinte mil exiliados, según el mismo archivo. Venezuela recibió primero, sobre todo, a vascos; el historiador Javier Rubio estima que unos cinco mil exiliados republicanos llegaron allí entre 1939 y 1951, según un estudio publicado por la revista Dimensión Antropológica del INAH.

¿Y Colombia? Aquí debo ser honesto: no encontré una cifra fiable de cuántos republicanos llegaron al país, y prefiero no inventarla. Si su familia tiene una historia así, es justamente el tipo de memoria que vale la pena rescatar.

El exilio que hizo países

Los que llegaron no eran solo cifras. Eran maestros, médicos, editores, científicos, obreros, poetas. En México fundaron editoriales, escuelas y laboratorios, y se volvieron parte del paisaje cultural del país. En Veracruz hay un monumento a los exiliados españoles con una frase sencilla: «Gracias, México». Su placa recuerda la llegada del Sinaia con 1.681 exiliados, otra cifra distinta de la que dan los archivos: las cuentas de pasajeros de aquellos barcos varían según la fuente. Es una de esas frases que dicen mucho de quien la escribe y de quien la recibe.

Esa es la parte que se pierde en la discusión judicial. La ley de nietos no es un trámite para conseguir un pasaporte europeo, aunque para muchos también lo sea. Es, en su origen, un intento de reparar algo: que miles de personas perdieron su nacionalidad por estar en el lado equivocado de una guerra, y que sus descendientes crecieron lejos de un país que alguna vez fue el suyo.

¿Puede haber españoles de dos categorías?

Ahora, el argumento del otro lado. Quienes pidieron la suspensión sostienen que el censo de residentes en el exterior creció de forma desproporcionada en muy poco tiempo y que no está claro que todos los nuevos españoles cumplan los requisitos de exilio que la ley pedía. Según el Gobierno, a 31 de agosto de 2026 había 168.896 inscritos en el censo por esta vía. En unas elecciones reñidas, ese número puede pesar.

Es una preocupación que se puede discutir. Pero la respuesta que dio el tribunal tiene una consecuencia rara: crea ciudadanos que tienen pasaporte y no tienen voto. Si alguien obtuvo la nacionalidad mal, lo que corresponde es revisarla con todas las garantías, no dejarla a medias. Gabilondo lo dijo con una ironía muy española: no se trata de decidir quiénes son «verdaderamente españoles, muy españoles o muy muy españoles».

El Tribunal Constitucional tiene la palabra. Mientras tanto, en algún cajón de Buenos Aires o de Caracas, el pasaporte del abuelo sigue ahí. Él cruzó el Atlántico porque en su país le negaron un lugar. Ochenta y siete años después, su nieta todavía está esperando que le digan si su voto cuenta.

¿Su abuelo o su abuela llegaron de España huyendo de la guerra? Si tiene una historia familiar de ese viaje, me encantaría leerla. Puede ser el material de un próximo hilo. Los archivos públicos españoles tienen un portal de movimientos migratorios iberoamericanos donde a veces aparecen los nombres de los pasajeros.


Fuentes

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