El llamado «Evangelio de la esposa de Jesús» era un fragmento de papiro copto en el que Jesús decía «mi esposa». Karen King, de Harvard, lo presentó en 2012. Entre 2012 y 2016, varios especialistas demostraron que el texto se había copiado de una edición del Evangelio de Tomás publicada en internet. Un periodista localizó después al dueño, y la propia King terminó aceptando que lo más probable era una falsificación.
Es una de las historias más instructivas de la investigación bíblica reciente. Hubo un hallazgo sensacional, una universidad de prestigio, pruebas de laboratorio que parecían avalarlo y un final digno de novela negra. Lo interesante es cómo se descubrió: no fue un solo golpe, sino la suma de filología, paleografía y periodismo de investigación.

¿Qué decía el papiro de la esposa de Jesús?
Era un trozo de papiro de unos 4 por 8 centímetros, con ocho líneas incompletas en copto (la lengua de los cristianos de Egipto) por el anverso y apenas unas letras legibles por el reverso. Las frases que dieron la vuelta al mundo fueron dos: «Jesús les dijo: mi esposa…» y «ella podrá ser mi discípula». También aparecía el nombre de María, aunque el texto no aclara de qué María se trata.
Karen L. King, catedrática de la Escuela de Divinidad de Harvard y especialista en textos gnósticos, lo presentó el 18 de septiembre de 2012 en el Congreso Internacional de Estudios Coptos, en Roma. Ella misma le puso el nombre de «Evangelio de la esposa de Jesús» y fue prudente en su lectura: según dijo, el fragmento no demostraba que Jesús estuviera casado, sino que algunos cristianos antiguos discutían esa idea. Propuso fecharlo en el siglo IV, como copia de un texto griego quizá del siglo II. Así lo recogió la Harvard Gazette el mismo día del anuncio.
La noticia apareció en las portadas de medio mundo. La comparación con El código Da Vinci era inevitable y el Vaticano, a través de L’Osservatore Romano, la calificó de falsificación a las pocas semanas.
¿Quién descubrió que el papiro era falso?
Nadie lo descubrió en solitario. Fue un proceso en varias fases, y buena parte del debate ocurrió en blogs académicos, algo bastante novedoso entonces.
Las primeras sospechas: un texto hecho de recortes
A los pocos días del anuncio, el biblista británico Francis Watson, de la Universidad de Durham, señaló que casi todas las frases del fragmento tenían paralelos en el Evangelio de Tomás copto, el texto que se conserva en el Códice II de Nag Hammadi. Su hipótesis era la del patchwork: alguien había recortado palabras y expresiones de Tomás y las había vuelto a combinar, añadiendo lo justo («mi esposa») para crear un texto escandaloso.
La errata que delató al falsificador
El investigador estadounidense Andrew Bernhard fue más lejos. Comparó el fragmento con las ediciones disponibles del Evangelio de Tomás y encontró que reproducía una errata tipográfica y gramatical de una edición concreta: la traducción interlineal copto-inglés de Michael W. Grondin, un PDF gratuito colgado en internet en 2002. Como explicó The Guardian en octubre de 2012, un copista antiguo no podía haber copiado un error que no existía en ningún manuscrito antiguo. Bernhard desarrolló el argumento en un artículo publicado en New Testament Studies.
Las pruebas de laboratorio que parecían avalarlo
En abril de 2014, la Harvard Theological Review publicó por fin el estudio de King junto con varios análisis científicos. La tinta era compatible con tintas antiguas de carbón, y la datación por radiocarbono situaba el papiro en época medieval temprana. En el mismo número apareció una réplica muy dura del egiptólogo Leo Depuydt, de la Universidad de Brown, que señalaba errores gramaticales impropios de un hablante de copto.
Para muchos medios aquello fue una «victoria» de la autenticidad. Pero los análisis tenían un límite que los especialistas conocían bien: un falsificador puede escribir sobre papiro antiguo en blanco, que se vende en el mercado de antigüedades, y fabricar tinta de carbón con ingredientes sencillos. La prueba fechaba el soporte, no la escritura.
El fragmento «gemelo» del Evangelio de Juan
El golpe decisivo llegó en 2014. Junto al papiro de la esposa, el mismo propietario había entregado a Harvard otros fragmentos, entre ellos uno del Evangelio de Juan en copto. El estudioso Christian Askeland comprobó que ese fragmento estaba escrito en licopolitano, un dialecto copto que había dejado de usarse siglos antes de la fecha del papiro. Además, copiaba línea por línea la edición que Herbert Thompson publicó en 1924 del llamado códice de Qau. Y según Askeland, los dos fragmentos parecían de la misma mano, con la misma tinta y el mismo instrumento de escritura. Si el de Juan era falso, el de la esposa también. Su análisis puede leerse en el Tyndale Bulletin.
¿Quién era el dueño del papiro?
King nunca reveló el nombre del propietario. Dijo solo que este afirmaba haberlo comprado en 1999 a un tal Hans-Ulrich Laukamp, un alemán que habría adquirido los papiros en Potsdam en los años sesenta. Aportó también documentos que supuestamente probaban que dos egiptólogos alemanes ya habían visto el fragmento décadas atrás.
El periodista Ariel Sabar, que había cubierto el anuncio de Roma para Smithsonian, decidió seguir el rastro del dinero y de los papeles. En su reportaje para The Atlantic (número de julio-agosto de 2016) contó cómo, revisando registros mercantiles de Florida, llegó a Walter Fritz. Fritz había sido socio de Laukamp en una empresa, había estudiado egiptología en la Universidad Libre de Berlín, conocía el copto y había publicado un artículo en una revista especializada. Además, según Sabar, había gestionado sitios web pornográficos protagonizados por su esposa. El periodista halló otros detalles inquietantes: personas cercanas a Laukamp aseguraron que este jamás se había interesado por las antigüedades, y uno de los documentos de procedencia era sospechoso.
Fritz terminó reconociendo que era el dueño, pero negó haber falsificado el papiro. Nunca se le ha juzgado por ello, así que lo correcto es decir que el texto es una falsificación moderna; la autoría, en sentido estricto, no está probada judicialmente.
¿Qué dijo Harvard al final?
Tras leer el reportaje, Karen King declaró a The Atlantic en junio de 2016 que las pruebas inclinaban la balanza hacia la falsificación. Reconoció que, pese a haber intercambiado correos con el propietario y haberse reunido con él, en realidad no sabía casi nada de su vida. Sabar amplió la historia en el libro Veritas: A Harvard Professor, a Con Man and the Gospel of Jesus’s Wife (2020).
¿Qué enseña este caso sobre los manuscritos antiguos?
El episodio dejó tres lecciones que hoy se repiten en los cursos de crítica textual:
- La procedencia importa tanto como el texto. Una pieza sin historia documentada fuera del mercado de antigüedades debe tratarse con sospecha por defecto.
- El laboratorio no basta. Fechar el papiro o la composición de la tinta no fecha el momento en que alguien escribió sobre él.
- La filología sigue siendo decisiva. Los errores de gramática, las erratas heredadas y la dependencia de ediciones modernas delataron el fraude antes que cualquier análisis químico.
También ilustra algo que conviene recordar cuando un titular promete «reescribir la historia del cristianismo». Los textos realmente antiguos que hablan de la relación entre Jesús y sus discípulas, como los hallados en Nag Hammadi, existen y se estudian desde hace décadas. Pero ninguno dice que Jesús estuviera casado. Este tipo de debates sobre qué creían los primeros cristianos, y qué se condenó después, tiene ecos en otros episodios que hemos contado, como la condena de ideas atribuidas a Orígenes en tiempos de Justiniano. Si te interesa el contexto material de esa época, también puedes leer sobre la arquitectura bizantina.
Preguntas frecuentes
¿El papiro de la esposa de Jesús es auténtico?
No. El consenso académico lo considera una falsificación moderna, escrita probablemente sobre un trozo de papiro antiguo. La propia Karen King aceptó en 2016 que lo más probable era que fuera falso.
¿El papiro era antiguo?
El soporte de papiro sí podía ser antiguo; la datación por radiocarbono lo situó en época medieval temprana. Lo que se falsificó fue la escritura, copiada de una edición moderna del Evangelio de Tomás.
¿Quién falsificó el Evangelio de la esposa de Jesús?
El propietario era Walter Fritz, un alemán residente en Florida con formación en egiptología. Él lo negó, y no existe una condena judicial, así que la autoría no está demostrada formalmente.
¿Algún evangelio antiguo dice que Jesús estuvo casado?
No. Algunos textos apócrifos, como el Evangelio de Felipe, describen a María Magdalena como compañera cercana de Jesús, pero ningún texto antiguo conocido afirma que estuviera casado.
¿Qué es el Evangelio de Tomás?
Es una colección de 114 dichos atribuidos a Jesús. La única copia completa, en copto, apareció en 1945 entre los códices de Nag Hammadi (Egipto); de la versión griega se conservan fragmentos hallados en Oxirrinco. Es auténticamente antiguo, y precisamente por eso el falsificador lo usó como cantera.
Fuentes: Harvard Gazette (18/09/2012); Andrew Bernhard, New Testament Studies; Christian Askeland, Tyndale Bulletin 65.3 (2014); Ariel Sabar, The Atlantic (julio-agosto de 2016) y Veritas (2020). Imagen de portada: Códice II de Nag Hammadi, Wikimedia Commons, dominio público.