Manuela Sáenz y Bolívar: la historia real de la «Libertadora del Libertador»

Manuela Sáenz (Quito, 1797-Paita, 1856) fue mucho más que «la amante de Bolívar». Participó en la independencia del Perú, salvó la vida del Libertador en el atentado del 25 de septiembre de 1828 en Bogotá y murió pobre y exiliada en un puerto peruano. Casi dos siglos después, su figura sigue disputada entre la historia documental, la novela romántica y el uso político.

Su nombre aparece cada año en las búsquedas cuando se recuerdan fechas patrias en Ecuador, Colombia, Venezuela y Perú. La razón es sencilla: es una de las pocas mujeres de la independencia con una biografía extensa y documentada, aunque llena de huecos que la imaginación ha rellenado.

Una quiteña fuera de lugar

Manuela Sáenz nació en Quito, probablemente el 27 de diciembre de 1797, aunque algunas fuentes sitúan su nacimiento en 1795. Era hija ilegítima de Simón Sáenz de Vergara, un comerciante español, y de María Joaquina de Aizpuru, una criolla de familia acomodada. La ilegitimidad la marcó socialmente desde niña. Se educó en el convento de Santa Catalina de Siena, de donde, según la tradición, salió tras un escándalo.

En 1817 se casó en Lima con James Thorne, un comerciante inglés mucho mayor que ella, en un matrimonio arreglado por su padre. En la capital del virreinato se movió entre círculos que conspiraban por la independencia y se sumó a la causa. Cuando José de San Martín proclamó la independencia peruana, ella fue una de las mujeres distinguidas con la Orden del Sol en 1822.

El encuentro en Quito

Conoció a Simón Bolívar en Quito, en junio de 1822, días después de la batalla de Pichincha, durante las celebraciones por la entrada triunfal del Libertador. Ella tenía unos 24 años; él, 38 y viudo desde 1803. Empezó entonces una relación que duró, con largas separaciones, hasta la muerte de Bolívar en 1830.

Manuela no fue una figura decorativa. Acompañó al ejército en la campaña del Perú, se ocupó del archivo personal de Bolívar y recibió grados militares: las fuentes hablan de que llegó a ser nombrada coronela, aunque el alcance formal de ese grado se discute. Las cartas entre ambos, conservadas en parte, muestran una relación intensa y desigual: él la llamaba con afecto y también le pedía discreción; ella se negaba a esconderse.

Su carta a James Thorne rechazando volver con él es una de las más citadas de la época. En ella se burla del carácter frío de su marido inglés y defiende su derecho a elegir. Varias versiones circulan, y no todas son fieles al original.

La noche septembrina: «Libertadora del Libertador»

El episodio que la hizo célebre ocurrió en Bogotá la noche del 25 de septiembre de 1828. Un grupo de conspiradores opuestos a la dictadura de Bolívar entró en el Palacio de San Carlos para asesinarlo. Manuela, que estaba con él, lo convenció de escapar por una ventana y enfrentó a los atacantes para ganar tiempo. Bolívar se escondió bajo un puente del río San Agustín hasta que pasó el peligro.

Desde entonces se le atribuye el título de «Libertadora del Libertador», que según la tradición le dio el propio Bolívar. La conspiración tuvo consecuencias políticas enormes: Francisco de Paula Santander fue acusado de complicidad, condenado a muerte y luego conmutado al destierro. La ventana del palacio, en el centro de Bogotá, todavía lleva una placa que recuerda el hecho.

Destierro y muerte en Paita

Bolívar murió en Santa Marta el 17 de diciembre de 1830. Manuela no estaba con él. Sin su protección, quedó expuesta a sus enemigos políticos: en 1834 el gobierno de Santander la expulsó de la Nueva Granada. Pasó por Jamaica y, como Ecuador no le permitió instalarse, terminó en Paita, un pequeño puerto del norte del Perú.

Allí vivió más de veinte años en la pobreza, vendiendo dulces y tabaco, traduciendo cartas para los balleneros y comerciantes que pasaban por el puerto y recibiendo a visitantes ilustres. Entre ellos estuvieron Giuseppe Garibaldi, que la conoció en 1851, y el escritor peruano Ricardo Palma, que la retrató en sus Tradiciones peruanas. Una caída la había dejado inválida en sus últimos años.

Murió el 23 de noviembre de 1856, durante una epidemia de difteria. Fue enterrada en una fosa común y sus pertenencias, incluidas cartas de Bolívar, fueron quemadas como medida sanitaria. Por eso buena parte de su correspondencia se perdió para siempre.

Mito y realidad

«Los diarios de Manuela Sáenz cuentan su vida íntima». Los llamados Diarios de Paita y Diario de Quito, difundidos a finales del siglo XX, son considerados apócrifos o de autenticidad no demostrada por la mayoría de los historiadores, que han señalado anacronismos y la falta de originales verificables. Conviene no citarlos como fuente.

«Fue la esposa de Bolívar». No. Bolívar enviudó joven de María Teresa Rodríguez del Toro y no volvió a casarse. Manuela siguió legalmente casada con Thorne, que fue asesinado en 1847.

«Era solo la amante». Reducirla a eso borra su papel político: espionaje, logística, custodia de archivos y defensa pública de Bolívar cuando ya era impopular.

«Sus restos están en Caracas». Parcialmente cierto en sentido simbólico. En 2010 se trasladó al Panteón Nacional de Venezuela un cofre con tierra de la fosa común de Paita, ya que sus restos nunca fueron identificados. Ecuador la ascendió póstumamente a generala de honor en 2007, y Venezuela también le concedió honores de generala.

Manuela en la cultura

Su vida ha sido material constante para la ficción. El venezolano Denzil Romero publicó en 1988 La esposa del doctor Thorne, una novela erótica que causó polémica en Venezuela y Ecuador por su retrato libre del personaje. El cineasta Diego Rísquez dirigió en 2000 la película Manuela Sáenz, la libertadora del libertador. Hay además obras de teatro, óperas, series y decenas de biografías divulgativas. Esa abundancia explica en parte la confusión: muchas frases «de Manuela» que circulan en redes salen de novelas, no de documentos.

Por qué sigue vigente

Manuela Sáenz encarna una pregunta que la historia latinoamericana todavía discute: cuánto se ha borrado a las mujeres de la independencia. Su figura fue usada en el siglo XIX para el escándalo, en el XX para la novela romántica y en el XXI para la épica política. Leerla en sus documentos —y no en la leyenda— permite ver a una mujer inteligente, desafiante y profundamente comprometida con un proyecto político que terminó en fracaso y exilio.

Para entender el contexto venezolano posterior a la independencia y sus caudillos, puede leer también nuestro hilo sobre el Plan de Barranquilla, otro capítulo de exilio político en la historia compartida de Colombia y Venezuela.

Fuentes

Preguntas frecuentes

¿Dónde nació Manuela Sáenz?

En Quito, entonces parte del virreinato de Nueva Granada, probablemente el 27 de diciembre de 1797.

¿Cómo conoció Manuela Sáenz a Bolívar?

En Quito, en junio de 1822, durante las celebraciones posteriores a la batalla de Pichincha.

¿Por qué la llaman «Libertadora del Libertador»?

Porque la noche del 25 de septiembre de 1828 ayudó a Bolívar a escapar por una ventana del Palacio de San Carlos, en Bogotá, cuando un grupo de conspiradores intentó asesinarlo.

¿Cómo murió Manuela Sáenz?

Murió en Paita, Perú, el 23 de noviembre de 1856, durante una epidemia de difteria. Fue enterrada en una fosa común.

¿Son auténticos los diarios de Manuela Sáenz?

La mayoría de los historiadores considera que los llamados Diarios de Paita y de Quito son apócrifos o de autenticidad no probada.

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