
En la noche del 5 al 6 de diciembre de 1928, soldados del Ejército colombiano dispararon contra una multitud de trabajadores bananeros en huelga que se había concentrado en la estación del ferrocarril de Ciénaga, en el Magdalena. Casi un siglo después, la masacre de las bananeras sigue siendo uno de los episodios más conocidos y, a la vez, peor contados de la historia de Colombia. El historiador Mauricio Archila lo resumió en la revista Credencial Historia: tal vez no exista en el país un hecho «tan doloroso y al mismo tiempo tan sometido a los vaivenes de la ficción». Esto es lo que se sabe con documentos, y lo que sigue en discusión.
¿Qué fue la masacre de las bananeras?
Fue la represión armada de la huelga de los trabajadores de la zona bananera del Magdalena, que producían fruta para la United Fruit Company, la multinacional estadounidense que dominaba el negocio del banano en el Caribe (hoy Chiquita Brands). La tropa estaba al mando del general Carlos Cortés Vargas, nombrado jefe civil y militar de la zona por el gobierno conservador de Miguel Abadía Méndez (1926-1930). Los disparos se produjeron en la madrugada del 6 de diciembre en la plaza de la estación de Ciénaga, y, según la investigación posterior de Jorge Eliécer Gaitán, también hubo muertos en Aracataca y Sevilla.
¿Por qué hicieron huelga los trabajadores bananeros?
La zona bananera se había formado en las primeras décadas del siglo XX a lo largo del ferrocarril de Santa Marta, entre Ciénaga, Aracataca y Fundación. Allí llegaron miles de trabajadores de la Costa y del interior, algunos de ellos veteranos de la Guerra de los Mil Días. La United Fruit no los contrataba directamente: usaba un sistema de contratistas que le permitía tener una fuerza de trabajo enorme, de casi treinta mil hombres según la historiadora Catherine LeGrand (Archila habla de diez mil huelguistas), sin que casi ninguno tuviera contrato con la compañía, como recuerda El Espectador. Así, la empresa se desentendía de las obligaciones laborales.
Los trabajadores aprobaron en octubre de 1928 un pliego de nueve puntos. Archila lo describe como un documento que reflejaba, «más que un programa revolucionario», la escasa legislación laboral de la época. Entre las peticiones, según un estudio publicado en SciELO, estaban:
- seguro colectivo e indemnización por accidentes de trabajo;
- vivienda higiénica y descanso dominical remunerado;
- aumento de salarios y pago semanal;
- el fin de los vales y de los comisariatos de la compañía, donde los trabajadores debían gastar su paga;
- la abolición del sistema de contratistas y mejor atención hospitalaria.
La compañía rechazó el pliego. El contexto político no ayudaba: el 30 de octubre de 1928 se había aprobado la Ley 69, conocida por sus defensores como «Ley heroica», que restringía la acción de los sindicatos y la promoción de huelgas, según recuerda Credencial Historia. Para el gobierno y la prensa conservadora, el movimiento era una conspiración comunista. La huelga empezó el 12 de noviembre (Archila la fecha un día antes) y era la segunda en la zona, tras un intento cuatro años antes. Duró casi un mes.
¿Qué pasó en Ciénaga el 6 de diciembre de 1928?
El 5 de diciembre corrió el rumor de que el gobernador del Magdalena llegaría a Ciénaga para reunirse con los huelguistas. Miles de personas, entre trabajadores, mujeres y niños, se concentraron en la plaza de la estación para esperarlo. El gobernador no llegó. Esa noche, el gobierno expidió un decreto que declaraba el estado de sitio en la zona y dejaba a Cortés Vargas como jefe civil y militar. Mientras pasaban las horas sin noticias del gobernador, los ánimos se exacerbaron, escribe Archila, tanto entre los manifestantes como entre los soldados emplazados en el sitio.
Pasada la medianoche, la tropa emplazada frente a la multitud abrió fuego. Lo que ocurrió en esos minutos es justamente lo más disputado. Archila enumera las versiones contradictorias que han circulado durante décadas: que los soldados estaban bebidos, que los trabajadores también; que se leyó una orden de desalojo, que nunca la hubo; que la primera bala no la dispararon los militares; que los cuerpos se llevaron en trenes al mar. Lo que sí quedó establecido desde el principio, según Credencial Historia, es que la tropa disparó contra personas desarmadas. El propio Cortés Vargas admitió que había mujeres y niños en la plaza, y justificó los disparos diciendo que los huelguistas los habían puesto delante para llegar a los cuarteles.
¿Cuántos muertos hubo en la masacre de las bananeras?
No hay una cifra única y verificada, y probablemente nunca la habrá. Lo que existe es un abanico de cifras, cada una con su origen:
- Nueve. Es el número de muertos que el gobierno reconoció oficialmente en un primer momento, según Archila, que señala la ironía de que coincidiera con los nueve puntos del pliego.
- 47. En su libro Los sucesos de las bananeras (1929), Cortés Vargas habló de 47 trabajadores muertos por el Ejército, 13 de ellos el 6 de diciembre, según recoge El Espectador.
- Unos cincuenta, luego entre 500 y 600, luego más de mil. Son las cifras que el embajador de Estados Unidos en Bogotá, Jefferson Caffery, fue enviando a Washington. El 7 de diciembre habló de unos cincuenta huelguistas abatidos; el 29 de diciembre transmitió que el consejero legal de la United Fruit hablaba de 500 a 600; y el 16 de enero de 1929 informó que un representante de la compañía le había dicho que los muertos superaban los mil. Los telegramas están reproducidos por el Cedesip.
- Cientos o más de mil. Jorge Eliécer Gaitán, que investigó en la zona, denunció en el Congreso que los muertos eran muchos más que los reconocidos. Las reconstrucciones de su debate difieren: Credencial Historia dice que demostró al menos trescientos, y El Espectador, que habló de más de mil.
- Tres mil. Es la cifra de Cien años de soledad (1967). En sus memorias, Vivir para contarla, Gabriel García Márquez contó que la mantuvo para conservar las proporciones épicas de la novela, sin pretender que fuera un dato histórico.
Que la cifra de la novela se haya vuelto la más repetida no significa que la masacre sea un mito, como a veces se dice. Incluso la versión del general que dio la orden reconoce decenas de muertos. La discusión seria es sobre el tamaño, no sobre el hecho.
¿Qué consecuencias tuvo la masacre?
En lo inmediato, la huelga se deshizo. Archila cuenta que tras la represión hubo una desbandada y una negociación rápida que incluso recortó los salarios a la mitad. Pero el costo político fue alto para el gobierno. Entre el 3 y el 6 de septiembre de 1929, Gaitán sostuvo en la Cámara un debate de varios días en el que acusó al Ejército y a la United Fruit con fotografías y testimonios recogidos en la zona. Aquel debate lo convirtió en una figura nacional; su trayectoria está en Jorge Eliécer Gaitán: el caudillo que nunca llegó a la presidencia.
Cortés Vargas no fue juzgado por lo ocurrido en Ciénaga. Salió del Ejército a mediados de 1929 por otro episodio: su actuación como director de la Policía durante los disturbios del 8 de junio de ese año en Bogotá. En 1930, el Partido Conservador perdió la presidencia por primera vez en casi medio siglo, y muchos historiadores cuentan la masacre de las bananeras entre las causas del desgaste de aquella hegemonía.
¿Cómo se ha recordado la masacre de las bananeras?
Durante décadas, la memoria de lo ocurrido dependió más de la literatura y la tradición oral que de los estudios académicos. Archila destaca las caricaturas de Ricardo Rendón, las denuncias de Gaitán y las novelas La casa grande, de Álvaro Cepeda Samudio, y Cien años de soledad. Después llegaron las investigaciones de historiadores como Judith White, Catherine LeGrand o Marcelo Bucheli, que reconstruyeron el funcionamiento del enclave bananero. La Comisión de la Verdad también ha recogido la historia de los peones bananeros.
La historia tuvo un eco tardío en 2007, cuando Chiquita Brands, heredera de la United Fruit, aceptó ante la justicia de Estados Unidos haber pagado a grupos paramilitares colombianos a finales de los años noventa, como recuerda El Espectador. Son hechos distintos, separados por setenta años, pero en la zona bananera se leyeron como parte de la misma historia.
Preguntas frecuentes
¿Dónde fue la masacre de las bananeras?
En la plaza de la estación del ferrocarril de Ciénaga, en el departamento del Magdalena, en la costa Caribe de Colombia.
¿Quién dio la orden de disparar?
El general Carlos Cortés Vargas, jefe civil y militar de la zona bananera nombrado por el gobierno de Miguel Abadía Méndez.
¿Qué empresa estaba detrás de la huelga?
La United Fruit Company, multinacional estadounidense del banano, hoy Chiquita Brands. Los huelguistas trabajaban en sus plantaciones o en las de productores que le vendían la fruta.
¿Murieron 3.000 personas?
Esa cifra viene de la novela Cien años de soledad. Las fuentes de la época dan cifras que van de nueve, la oficial inicial, a más de mil, según la United Fruit citada por el embajador estadounidense.
¿Qué tuvo que ver Gaitán?
Jorge Eliécer Gaitán investigó los hechos y los denunció en el Congreso en septiembre de 1929, en un debate que lo dio a conocer en todo el país.
Sigue leyendo: Jorge Eliécer Gaitán; la Guerra de los Mil Días; el Frente Nacional.
Fuentes: Mauricio Archila, Credencial Historia n.º 117; Credencial Historia n.º 190; El Espectador (07/12/2017); Cedesip: telegramas del Departamento de Estado; SciELO: La masacre obrera de 1928 en la zona bananera; Comisión de la Verdad: Los peones bananeros; Gabriel García Márquez, Vivir para contarla (2002).