Tengo tanto que decir,
que prefiero no decir nada.
Dejo que el silencio
hable por mí.
No hay palabra que pueda sanar
el vacío que deja el duelo.
Solo un abrazo en silencio.
Y una taza de café.
Miremos, en silencio,
al sol hacer el amor
en el horizonte,
con el mar,
con la nada.
Siendo uno solo.
No me digas nada.
No te diré nada.
Nuestros pies,
enterrados en la arena.
Nuestro silencio grita
lo mucho que nos amamos.
Tu compañía arropa
lo que la cobija
no pudo arropar.
No fue que sané.
Fue que, después del odio, vino la cólera.
Luego, la impotencia de ver
que nada podía cambiar.
Y, al final, la resignación.
No es felicidad.
Solo estoy resignado.
El dolor sigue aquí,
vive conmigo
y compartimos la misma cama.
No soy quien
para decirte que no sientas
lo que yo estoy sintiendo.
El dolor no tiene cura,
pero te ofrezco mi compañía.
Y te prometo
hacer que duela menos.
En la salud,
la enfermedad,
la felicidad
y el dolor…
ahí estaré para ti.
Pero no me pidas palabras.
No hay verso, ni ciencia,
que cure lo que duele tan dentro.
Guillo
Julio 2025