¿Está la tumba de San Pedro en el Vaticano? Lo que encontraron las excavaciones

Según la tradición católica, el altar mayor de la basílica de San Pedro se levanta exactamente sobre la tumba del apóstol Pedro, crucificado en Roma en tiempos de Nerón. Durante siglos fue una afirmación de fe. A mediados del siglo XX, unas excavaciones bajo el suelo vaticano la convirtieron también en una cuestión arqueológica. ¿Qué se encontró realmente y qué sigue en discusión? Este es el estado de la cuestión.

Contexto: Pedro en Roma

El Nuevo Testamento no narra la muerte de Pedro, pero las fuentes cristianas antiguas coinciden en que murió en Roma como mártir, probablemente tras el incendio del año 64, durante la persecución de Nerón. Lo contamos en detalle en nuestro artículo sobre cómo murieron los apóstoles. La zona donde se sitúa su martirio y sepultura es la colina Vaticana, entonces un área a las afueras de la ciudad con un circo, iniciado por Calígula y usado por Nerón, y una necrópolis junto a una vía.

El testimonio más antiguo sobre una tumba concreta procede de un presbítero romano llamado Gayo, hacia el año 200, citado por Eusebio de Cesarea: «Yo puedo mostrarte los trofeos de los apóstoles. Si vas al Vaticano o a la vía Ostiense, encontrarás los trofeos de quienes fundaron esta Iglesia». «Trofeo» designaba aquí un monumento conmemorativo de un mártir.

La basílica de Constantino

Hacia la década de 320, el emperador Constantino mandó construir una gran basílica en ese lugar. Para hacerlo, sus ingenieros tuvieron que realizar una obra enorme: cortar parte de la colina, rellenar otra y enterrar una necrópolis que seguía en uso. La elección de un terreno tan difícil, cuando había otros mucho más cómodos, es para muchos historiadores un indicio fuerte de que los cristianos del siglo IV estaban convencidos de que allí estaba la tumba de Pedro. Sobre esa basílica constantiniana se levantó, entre los siglos XVI y XVII, la actual. Sobre el emperador que la ordenó, puedes leer nuestro artículo sobre la conversión de Constantino.

Las excavaciones de 1939-1949

En 1939, al preparar la sepultura del papa Pío XI en las grutas vaticanas, los obreros encontraron restos antiguos bajo el suelo. Pío XII autorizó entonces excavaciones sistemáticas, supervisadas por monseñor Ludwig Kaas, que se prolongaron hasta 1949. Los arqueólogos sacaron a la luz una necrópolis romana con mausoleos paganos y cristianos de los siglos II y III, una calle de tumbas que hoy se puede visitar con reserva previa.

Justo bajo el altar papal hallaron un pequeño monumento: un nicho con dos columnillas apoyado en un muro pintado de rojo, fechado hacia mediados del siglo II. Los arqueólogos lo identificaron con el «trofeo» que mencionaba Gayo. Junto a él, un muro posterior, llamado muro de los grafitos, estaba cubierto de inscripciones de peregrinos con invocaciones a Cristo, a María y a Pedro.

Margherita Guarducci y los huesos

En la primera fase de las excavaciones se encontraron huesos bajo el monumento, pero su estudio no resultó concluyente. La historia dio un giro con la epigrafista Margherita Guarducci, profesora de la Universidad de Roma, que estudió los grafitos durante los años cincuenta y sesenta. Guarducci leyó en un fragmento del muro rojo una inscripción griega que interpretó como «Pedro está aquí» y supo que, durante la excavación, unos huesos sacados de un nicho del muro de los grafitos se habían guardado aparte sin registrarse adecuadamente.

El análisis de esos restos indicó que pertenecían a un solo hombre de complexión robusta y edad avanzada, que estaban envueltos en restos de un tejido de púrpura con hilos de oro y que tenían adherida tierra compatible con la de la tumba primitiva. Guarducci concluyó que eran los huesos de Pedro, trasladados al nicho en época de Constantino. El 26 de junio de 1968, el papa Pablo VI anunció que las reliquias del apóstol habían sido identificadas «de un modo que podemos considerar convincente».

Un debate que sigue abierto

La conclusión de Guarducci no convenció a todos. Algunos arqueólogos, incluidos miembros del equipo original como el jesuita Antonio Ferrua, cuestionaron la lectura de la inscripción, la cadena de custodia de los huesos y la interpretación de los indicios. Otros especialistas consideran que la existencia de un culto continuo a Pedro en ese punto desde el siglo II es lo más sólido, aunque la identificación de los huesos concretos sea imposible de demostrar.

La Iglesia ha mantenido una postura prudente: Pablo VI habló de identificación «convincente», no de certeza científica. En noviembre de 2013, el papa Francisco exhibió públicamente por primera vez una urna con fragmentos de esos huesos durante la clausura del Año de la Fe, y en 2019 regaló un relicario con nueve fragmentos al patriarca ecuménico de Constantinopla, Bartolomé I, en un gesto ecuménico entre Roma y la Iglesia ortodoxa, separadas desde el cisma de 1054.

¿Y la tumba de Pablo?

El otro «trofeo» que mencionaba Gayo estaba en la vía Ostiense, donde hoy se alza la basílica de San Pablo Extramuros. Allí, entre 2002 y 2006, los arqueólogos vaticanos sacaron a la luz un sarcófago bajo el altar mayor, con una inscripción que lo atribuía al apóstol. En 2009, el papa Benedicto XVI anunció que una sonda introducida en el sarcófago había hallado fragmentos de hueso datados entre los siglos I y II. Como en el caso de Pedro, el hallazgo es compatible con la tradición, pero no constituye una prueba concluyente de identidad.

Mito y realidad

Mito: la arqueología ha demostrado que los huesos de Pedro están bajo el Vaticano. Lo que se ha demostrado es que existe un monumento del siglo II venerado como tumba de Pedro y que la basílica se construyó deliberadamente sobre él. La atribución de los huesos sigue en debate.

Mito: la tumba de Pedro es una leyenda medieval. El testimonio de Gayo, hacia el año 200, y el monumento datado a mediados del siglo II muestran que el culto es muy antiguo.

Realidad: el caso combina arqueología, epigrafía y fe. Los datos materiales apoyan la tradición del lugar, mientras que la identificación de los restos depende de interpretaciones discutidas.

Cómo visitarla

La necrópolis vaticana, conocida como los Scavi, se puede visitar en grupos reducidos con reserva previa a través de la Oficina de Excavaciones de la Fábrica de San Pedro. La visita termina frente al muro de los grafitos, bajo el altar mayor. Las grutas vaticanas, donde están enterrados numerosos papas, se recorren por separado.

Fuentes

Preguntas frecuentes

¿Dónde está la tumba de San Pedro?

Según la tradición y las excavaciones, bajo el altar mayor de la basílica de San Pedro, en la necrópolis vaticana.

¿Se encontraron los huesos de San Pedro?

Se hallaron huesos que Margherita Guarducci atribuyó al apóstol y que Pablo VI consideró identificados de forma convincente en 1968, pero la atribución sigue siendo discutida.

¿Qué es el trofeo de Gayo?

Un pequeño monumento del siglo II levantado sobre la tumba que se veneraba como de Pedro, mencionado por un presbítero romano llamado Gayo hacia el año 200.

¿Se puede visitar la tumba de San Pedro?

Sí, mediante visitas guiadas a la necrópolis vaticana con reserva previa en la Oficina de Excavaciones.

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