Católicos y ortodoxos se separaron por una suma de disputas sobre la autoridad del papa, el Filioque del Credo y el pan de la misa, que estallaron el 16 de julio de 1054 en Constantinopla. Ese día, tres legados del papa dejaron sobre el altar de Santa Sofía una bula de excomunión contra el patriarca Miguel Cerulario. Él respondió excomulgando a los legados. Pero 1054 fue más un síntoma que una causa, y la ruptura definitiva tardó siglos en consumarse.
Hay además un detalle que pocas veces se cuenta: cuando se depositó la bula, el papa que había enviado a los legados llevaba tres meses muerto.
¿Qué pasó exactamente el 16 de julio de 1054?
La crisis empezó un año antes. En 1053, el patriarca de Constantinopla, Miguel I Cerulario, ordenó cerrar todas las iglesias latinas de la ciudad. Ese mismo año, el arzobispo León de Ocrida atacó por escrito el uso de pan sin levadura (ácimo) en la eucaristía de los latinos. El papa León IX contestó con la carta In terra pax, del 2 de septiembre de 1053, en la que defendía los privilegios concedidos a la sede de Roma a través de san Pedro.
En 1054, León IX envió a Constantinopla una delegación de tres legados: el cardenal Humberto de Silva Candida, descrito por los historiadores como poco diplomático; Federico de Lorena, secretario papal; y Pedro, arzobispo de Amalfi. Tenían que negar a Cerulario el título de «patriarca ecuménico», exigirle que reconociera al papa como cabeza de todas las iglesias y pedir ayuda al emperador Constantino IX Monómaco contra los normandos, que estaban conquistando el sur de Italia.
Cerulario se negó. El 16 de julio de 1054, los legados entraron en Santa Sofía, preparada para la liturgia, y depositaron sobre el altar una bula que excomulgaba al patriarca y a sus partidarios. Cerulario respondió con su propia excomunión, dirigida solo contra Humberto y los demás legados, no contra el papa ni contra la Iglesia latina.
¿Era válida la excomunión de 1054?
Es dudoso. León IX había muerto en abril de 1054, tres meses antes, y su sucesor no ocupó el cargo hasta nueve meses después. Según la práctica de la época, los poderes de un legado dependían del papa que lo había enviado. Muchos historiadores consideran por ello que la bula carecía de validez canónica. Además, ninguna de las dos excomuniones se dirigía contra una Iglesia entera, sino contra personas concretas.
¿Cuáles fueron las causas del cisma de Oriente?
Las fuentes coinciden en dos causas principales y varias secundarias:
- La autoridad del papa. León IX sostenía que tenía jurisdicción sobre los cuatro patriarcas orientales (Constantinopla, Alejandría, Antioquía y Jerusalén). Para Oriente, Roma tenía una primacía de honor, no un poder de gobierno sobre las demás sedes.
- El Filioque. La expresión latina significa «y del Hijo». Occidente la añadió al Credo de Nicea-Constantinopla para decir que el Espíritu Santo procede del Padre «y del Hijo». Roma la incorporó oficialmente en 1014. Para los orientales era una alteración unilateral del Credo aprobado en concilio, algo que, según sostuvieron más tarde en Florencia, ni siquiera un concilio podía hacer.
- El pan ácimo. Los latinos usaban pan sin levadura en la misa; los griegos, pan fermentado.
- Otras tensiones: la coronación de Carlomagno como emperador en el año 800, que Constantinopla vivió como una usurpación; la querella de las imágenes; y la posición de Constantinopla entre los cinco grandes patriarcados.
El trasfondo de estas disputas viene de lejos. El Credo en cuestión nació en los grandes concilios del siglo IV, como el Concilio de Nicea, y la lengua, griega o latina, separaba ya a las dos mitades del antiguo Imperio romano.
Mito y realidad: ¿la Iglesia se partió en dos en 1054?
Mito: en 1054 el papa y el patriarca se excomulgaron mutuamente y desde ese día existen dos Iglesias.
Realidad: el papa no excomulgó a nadie, porque estaba muerto, y el patriarca no excomulgó al papa. 1054 se volvió la fecha convencional, pero los historiadores han propuesto otras para la ruptura real: 1009, 1204, 1277 y 1484. En el siglo XII, los cruzados latinos en Oriente no trataban a los cristianos locales como herejes y a menudo incorporaron sus jerarquías.
Lo que abrió la herida de verdad fue la violencia. En 1182, tras la caída de la regente María de Antioquía, las turbas de Constantinopla masacraron a los comerciantes latinos. En 1185, los normandos saquearon Tesalónica. Y en 1204, la Cuarta Cruzada saqueó Constantinopla, despojó Santa Sofía y otros santuarios ortodoxos e impuso patriarcas latinos. Para muchos ortodoxos, ese es el verdadero momento del cisma.
¿Hubo intentos de reunificación?
Sí, dos importantes, ambos con fuerte componente político. En el Segundo Concilio de Lyon (1274), el emperador Miguel VIII se comprometió a reunir la Iglesia oriental con la occidental, en buena medida por razones políticas. Los delegados griegos tuvieron que recitar el Credo con el Filioque tres veces. En 1278, el papa Nicolás III, al saber que la conformidad griega era ficticia, exigió la sumisión personal de cada clérigo ortodoxo.
El segundo intento fue el Concilio de Ferrara-Florencia. El 6 de junio de 1439 se firmó un acuerdo de unión que suscribieron todos los obispos orientales presentes menos uno, Marcos de Éfeso, quien sostuvo que Roma seguía en herejía y en cisma. La unión fue rechazada en Oriente y se volvió irrelevante tras la caída de Constantinopla en 1453.
¿Se levantaron las excomuniones de 1054?
Sí. El 7 de diciembre de 1965, en la víspera de la clausura del Concilio Vaticano II, el papa Pablo VI y el patriarca ecuménico Atenágoras I firmaron una declaración conjunta «para borrar de la memoria y de la Iglesia las sentencias de excomunión del año 1054». Fue un gesto de reconciliación, no una reunificación: las diferencias doctrinales y de jurisdicción siguen abiertas.
Desde entonces ha habido más gestos. En 1995, el patriarca Bartolomé I visitó por primera vez el Vaticano. Juan Pablo II y Benedicto XVI recitaron el Credo con los patriarcas en griego, sin el Filioque. Y la declaración de Rávena de 2007 reconoció que el obispo de Roma es el protos, el primero entre los obispos, aunque dejó para futuras discusiones cómo debería ejercerse esa primacía.
Un cisma de muchas fechas
La respuesta corta a por qué se separaron católicos y ortodoxos es «por el papa y el Filioque». La respuesta larga es que dos mundos que hablaban lenguas distintas, tenían intereses políticos distintos y se habían hecho la guerra fueron dejando de reconocerse. El 16 de julio de 1054 fue solo el día en que alguien dejó un papel sobre un altar.
Fuentes: Declaración común de Pablo VI y Atenágoras I (7 de diciembre de 1965), La Santa Sede; East–West Schism (legación de 1054, fechas alternativas, Lyon y Florencia).
Preguntas frecuentes
¿Por qué se separaron católicos y ortodoxos?
Principalmente por la autoridad del papa sobre los patriarcas orientales y por el Filioque, la frase añadida al Credo en Occidente. También influyeron el uso de pan ácimo, la política y la violencia de las Cruzadas.
¿Qué pasó el 16 de julio de 1054?
Los legados del papa León IX dejaron en el altar de Santa Sofía una bula de excomunión contra el patriarca Miguel Cerulario, que respondió excomulgando a los legados.
¿Qué es el Filioque?
Es la expresión latina «y del Hijo», añadida en Occidente al Credo para afirmar que el Espíritu Santo procede del Padre y del Hijo. Roma la adoptó oficialmente en 1014.
¿Era válida la excomunión de 1054?
Es dudoso: el papa León IX había muerto en abril de 1054, tres meses antes de que sus legados depositaran la bula.
¿Cuándo se levantaron las excomuniones?
El 7 de diciembre de 1965, con una declaración conjunta de Pablo VI y Atenágoras I. Fue un gesto de reconciliación, no una reunificación.
¿Fue 1054 la única fecha del cisma?
No. Los historiadores proponen también 1009, 1204, 1277 y 1484. Muchos ortodoxos consideran decisivo el saqueo de Constantinopla por la Cuarta Cruzada en 1204.
Imagen de portada: vista general de la nave de Santa Sofía, litografía de Louis Haghe según Gaspare Fossati (1852). Dominio público, vía Wikimedia Commons.
