¿Quemó Nerón Roma? Lo que dicen las fuentes sobre el gran incendio del año 64

«Nerón tocaba la lira mientras Roma ardía» es una de las frases más repetidas sobre la Antigüedad. El incendio existió: en julio del año 64 el fuego destruyó o dañó gran parte de la capital del Imperio. Pero lo que sabemos de él procede de tres autores antiguos que escribieron décadas después y que no coinciden en lo esencial, empezando por la pregunta clave: si fue un accidente o lo provocó el emperador. Esto es lo que dicen las fuentes y lo que los historiadores pueden afirmar con razonable seguridad.

Contexto: una ciudad hecha para arder

La Roma del siglo I tenía probablemente cerca de un millón de habitantes. Buena parte vivía en insulae, bloques de viviendas de varios pisos con estructuras de madera, calles estrechas y fuego doméstico para cocinar y calentarse. Los incendios eran frecuentes. Augusto había creado en el año 6 d. C. el cuerpo de los vigiles, mitad bomberos y mitad policía nocturna, precisamente por eso. Aun así, ninguno de los fuegos anteriores se pareció al del año 64.

Nerón llevaba diez años en el poder. Había llegado al trono en el año 54, con 16 años, y para entonces ya había ordenado matar a su madre, Agripina, y se había apartado de sus consejeros más moderados. Su afición a cantar y actuar en público escandalizaba a la aristocracia senatorial, que es la que después escribió su historia.

Qué pasó: nueve días de fuego

La fuente más detallada es el historiador Tácito, que tenía unos ocho años cuando ocurrió el incendio y lo narró unos cincuenta años después en sus Anales (libro XV, capítulos 38 a 44). Según su relato:

  • El fuego empezó en la noche del 18 al 19 de julio del año 64 en la zona del Circo Máximo próxima a los montes Palatino y Celio, entre tiendas que guardaban mercancías inflamables.
  • El viento lo extendió con rapidez por las partes bajas y luego subió a las colinas. Al sexto día se detuvo al pie del Esquilino, después de derribar edificios para crear un cortafuegos.
  • Poco después se reavivó en otra zona, en propiedades de Tigelino, prefecto del pretorio y favorito del emperador, y ardió varios días más. Ese segundo foco alimentó las sospechas.
  • De los catorce distritos en que se dividía Roma, cuatro quedaron intactos, tres fueron arrasados hasta el suelo y en los otros siete apenas quedaron restos de casas medio quemadas.

Desaparecieron templos antiquísimos, como el que la tradición atribuía al rey Servio Tulio, y obras de arte y documentos acumulados durante siglos. Tácito reconoce que no es fácil calcular el número de casas y víctimas.

Dónde estaba Nerón y qué hizo

Tácito afirma que Nerón estaba en Anzio (Antium), su ciudad natal, a unos 50 kilómetros, y que solo volvió a Roma cuando el fuego se acercaba al palacio con el que había unido el Palatino y los jardines de Mecenas. Una vez en la ciudad, abrió a los damnificados el Campo de Marte, los monumentos de Agripa y sus propios jardines, mandó levantar refugios provisionales, hizo traer víveres desde Ostia y los pueblos cercanos y bajó el precio del trigo.

Después aprobó normas de reconstrucción que hoy llamaríamos urbanismo preventivo: calles más anchas, límites de altura, edificios con partes de piedra resistente al fuego, pórticos en las fachadas y acceso al agua. Al mismo tiempo, aprovechó el terreno arrasado para levantar la Domus Aurea, una enorme residencia con jardines, lago artificial y pabellones en pleno centro de Roma. Para pagar la reconstrucción se impusieron contribuciones a las provincias, y la moneda romana (el áureo y el denario) perdió peso y ley en esos años.

¿Fue Nerón? Tres autores, tres versiones

Tácito abre su relato con una frase prudente: no se sabe si el desastre se debió al azar o a una maquinación del príncipe, porque «los autores han transmitido ambas versiones». Recoge que algunos impedían apagar el fuego y decían actuar por orden, pero también que pudieron ser saqueadores.

Suetonio, contemporáneo de Tácito, no tiene dudas: en su Vida de Nerón lo acusa de haber incendiado la ciudad a propósito porque le desagradaban sus edificios viejos y sus calles estrechas.

Dion Casio, que escribió a comienzos del siglo III, más de un siglo después, también culpa al emperador.

La mayoría de los historiadores actuales considera que el incendio pudo ser accidental, como tantos otros en Roma, y subraya que Nerón no estaba en la ciudad cuando empezó y que el fuego destruyó también su propio palacio. Ninguna prueba disponible permite afirmar su culpa ni descartarla del todo.

La lira y el canto: de dónde sale la leyenda

Tácito no dice que Nerón cantara mientras la ciudad ardía. Dice que corrió el rumor de que lo había hecho: que en su escenario privado había cantado la destrucción de Troya comparando la desgracia presente con las antiguas. Precisamente ese rumor, explica, anuló el efecto de sus medidas de ayuda. Suetonio y Dion Casio, en cambio, lo presentan como un hecho: según Suetonio, cantó «La toma de Troya» con traje de actor contemplando el fuego desde la torre de Mecenas.

El «violín» de la versión inglesa («Nero fiddled while Rome burned») es un anacronismo: el instrumento no existía en la Antigüedad. Nerón tocaba la cítara, una especie de lira grande.

La culpa de los cristianos

El pasaje más citado del relato de Tácito está en el capítulo 44. Para acallar el rumor que lo señalaba, escribe, Nerón buscó culpables y castigó con refinadas torturas a los que el pueblo llamaba cristianos, gente «odiada por sus abominaciones». Tácito explica que el nombre venía de Cristo, ejecutado bajo Tiberio por el procurador Poncio Pilato. Cuenta que algunos fueron cubiertos con pieles de fieras para que los despedazaran los perros, otros crucificados y otros quemados para servir de antorchas al caer la noche, en espectáculos ofrecidos en los jardines del emperador. Añade que esa crueldad despertó cierta compasión, porque parecía que morían por el capricho de un hombre y no por el bien público.

Es el único texto antiguo que relaciona directamente el incendio con la persecución. Suetonio menciona castigos contra los cristianos, pero en otra parte de su obra y sin vincularlos al fuego. Algunos historiadores han señalado lo llamativo de ese silencio, y la cifra exacta de víctimas no aparece en ninguna fuente de la época. La tradición cristiana sitúa en esta persecución, o en los años siguientes, la muerte en Roma de los apóstoles Pedro y Pablo.

Mito y realidad

Mito: «Nerón tocaba el violín mientras Roma ardía». Realidad: el violín no existía. Las fuentes hablan de cantar con la cítara, y la más cercana a los hechos, Tácito, lo presenta como un rumor.

Mito: «Está probado que Nerón quemó Roma». Realidad: Suetonio y Dion Casio lo acusan, pero Tácito deja la cuestión abierta y los historiadores modernos no la consideran demostrada.

Mito: «Nerón no hizo nada por las víctimas». Realidad: según Tácito, abrió espacios públicos y sus jardines, construyó refugios, trajo víveres y bajó el precio del grano, además de dictar nuevas normas de construcción.

Mito: «El incendio destruyó toda Roma». Realidad: de catorce distritos, tres desaparecieron, siete quedaron muy dañados y cuatro se salvaron.

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Fuentes

Preguntas frecuentes

¿Quién provocó el incendio de Roma del año 64?

No se sabe. Suetonio y Dion Casio culparon a Nerón, pero Tácito dejó la duda abierta y muchos historiadores creen que pudo ser accidental.

¿Dónde estaba Nerón durante el incendio?

Según Tácito, en Anzio (Antium), a unos 50 kilómetros de Roma. Volvió cuando el fuego amenazaba su palacio.

¿Cuánto duró el incendio de Roma?

Seis días hasta que se detuvo al pie del Esquilino, y después se reavivó en otra zona durante varios días más.

¿Por qué se culpó a los cristianos del incendio?

Según Tácito, Nerón los señaló para desviar el rumor que lo acusaba a él y los castigó con suplicios públicos. Es la única fuente antigua que vincula ambos hechos.

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