¿Para qué quererte
si algún día te marcharás?
Mejor, sé libre.
Yo también quiero serlo:
libre de aferrarme,
libre de sufrir,
libre de necesitar.
Libre, incluso, de mí mismo.
Sé como ese pajarito
que cada mañana clara
se posa a cantar
en el jardín que riego sin esperar.
Atraído por la luz,
por el rocío,
por la calma.
No lo llamo.
Llega.
No lo busco.
Lo atraigo.
Nadie me dirá cómo quererte.
No quiero una jaula.
Quiero que tengas alas,
que explores el Universo,
que surques vientos nuevos,
y que, si lo deseas,
regreses a casa.
¿Para qué quererte
si puedo amarte?
Y amar no es poseer.
Es también soltar.
Perder.
Dejar ir.
Dejar ser.
Amar
es saber que nada pertenece,
y aun así
cultivar el jardín
por si acaso
vuelves.
Guillo
2025