Concilio de Constantinopla de 553: ¿se borró la reencarnación de la Biblia?

No. El Concilio de Constantinopla de 553 no tocó el texto de la Biblia ni discutió la reencarnación tal como hoy se entiende. Su asunto principal fueron los llamados «Tres Capítulos». La condena de Orígenes se refería a la preexistencia de las almas y a la restauración final de todos los seres, no a renacer en otros cuerpos.

Fresco de Dionisio (hacia 1502) que representa un concilio ecuménico, en el monasterio de Ferapóntov (Wikimedia Commons, dominio público)
Representación de un concilio ecuménico, fresco de Dionisio en el monasterio de Ferapóntov (c. 1502). Dominio público vía Wikimedia Commons.

La afirmación circula desde hace décadas en libros esotéricos, vídeos y redes: «La Biblia enseñaba la reencarnación hasta que un concilio de 553 la suprimió». Suele ir acompañada del nombre de Orígenes, el teólogo del siglo III, y del emperador Justiniano. En un artículo anterior analizamos qué prohibió de verdad Justiniano y qué es mito. Aquí nos centramos en el propio concilio: quién lo convocó, qué decidió y qué dicen sus actas.

¿Qué fue el Concilio de Constantinopla de 553?

Es el quinto concilio ecuménico de la Iglesia, también llamado Constantinopla II. Lo convocó el emperador Justiniano I y se reunió en la capital del Imperio entre el 5 de mayo y el 2 de junio de 553. Lo presidió el patriarca Eutiquio de Constantinopla y asistieron sobre todo obispos orientales; según la Catholic Encyclopedia, solo seis obispos occidentales, todos africanos, estuvieron presentes.

El papa Vigilio se encontraba en Constantinopla desde 547, retenido prácticamente a la fuerza por el emperador, pero se negó a asistir. El 14 de mayo envió su propio documento, el primer Constitutum, en el que rechazaba parte de lo que el concilio iba a aprobar. Justiniano respondió haciendo borrar su nombre de los dípticos, las listas de comunión de la Iglesia.

¿Qué eran los Tres Capítulos?

Era el verdadero tema del concilio. Con ese nombre se conocían tres bloques de textos del siglo V asociados a la escuela teológica de Antioquía:

  • La persona y los escritos de Teodoro de Mopsuestia.
  • Los escritos de Teodoreto de Ciro contra Cirilo de Alejandría.
  • Una carta atribuida a Ibas de Edesa dirigida a un tal Maris.

Justiniano creía que condenarlos ayudaría a reconciliar a los cristianos miafisitas de Egipto y Siria, que rechazaban el Concilio de Calcedonia (451) porque lo consideraban demasiado cercano a Nestorio. La reconciliación no se produjo, y en Occidente la condena se vio como una humillación del papado y un ataque indirecto a Calcedonia.

Las actas y los 14 cánones del concilio, conservados en una antigua versión latina, se dedican casi por completo a cuestiones sobre la persona de Cristo y a esos tres autores. No contienen ninguna decisión sobre qué libros forman la Biblia ni sobre su texto.

¿Quién fue Orígenes?

Orígenes de Alejandría (c. 185-c. 254) fue uno de los pensadores cristianos más influyentes de la antigüedad: exégeta, predicador y autor de la Hexapla, una gigantesca edición comparada del Antiguo Testamento. Murió tras ser encarcelado y torturado durante la persecución de Decio, según narra Eusebio de Cesarea en su Historia eclesiástica (libro VI, cap. 39).

Algunas de sus especulaciones fueron discutidas ya en vida y, sobre todo, después. Las más polémicas eran dos:

  • La preexistencia de las almas: la idea de que los seres racionales existían como intelectos antes de recibir un cuerpo.
  • La apocatástasis: la restauración final de todos los seres, incluso los demonios, a la unión con Dios.

A finales del siglo IV hubo una primera crisis origenista, con Epifanio de Salamina, Jerónimo y Teófilo de Alejandría contra sus seguidores. En el siglo VI la discusión revivió entre monjes de Palestina influidos por Evagrio Póntico, que habían llevado esas ideas mucho más lejos.

¿Enseñó Orígenes la reencarnación?

Esta es la pieza clave del mito, y los textos del propio Orígenes lo contradicen. En su Comentario a Mateo (libro XIII, cap. 1), al hablar de si Juan el Bautista era Elías, escribe que no se refiere al alma de Elías «para no caer en el dogma de la transmigración, que es ajeno a la Iglesia de Dios, no fue transmitido por los apóstoles ni aparece en ninguna parte de las Escrituras». Puede leerse en la traducción inglesa de New Advent.

Es cierto que Jerónimo, ya enemistado con los origenistas, lo acusó de acercarse a esa doctrina en su tratado Sobre los principios, y que parte de esa obra solo se conserva en una traducción latina retocada por Rufino. Por eso los especialistas discuten el alcance exacto de algunas ideas de Orígenes. Pero la preexistencia del alma no equivale a la reencarnación: en su sistema, el alma recibe un cuerpo por una caída anterior, no pasa de cuerpo en cuerpo en sucesivas vidas terrenas.

¿Condenó el concilio a Orígenes?

Sí, aunque de forma menos clara de lo que suele decirse. El canon 11 del concilio anatematiza a quien no condene a «Arrio, Eunomio, Macedonio, Apolinar, Nestorio, Eutiques y Orígenes, así como sus escritos impíos». Algunos historiadores del siglo XIX sospecharon que el nombre de Orígenes era una interpolación, pero la mayoría lo considera auténtico. La propia Catholic Encyclopedia recuerda que las actas griegas originales se perdieron y que en el concilio de 680 se comprobó que habían sido manipuladas en otros puntos.

Además existen 15 anatemas contra el origenismo que aparecen vinculados al concilio. Se cree que fueron aprobados por los obispos reunidos en Constantinopla poco antes de la apertura formal, pero no figuran en las actas oficiales, y su estatus sigue siendo discutido. Son distintos de los nueve anatemas que Justiniano había incluido en su edicto de 543 contra Orígenes, que tratamos en el artículo sobre Justiniano y la reencarnación.

¿Qué condenan exactamente los 15 anatemas?

El primero dice: «Si alguno afirma la fabulosa preexistencia de las almas y la monstruosa restauración que de ella se sigue, sea anatema». Los demás desarrollan el sistema evagriano:

  • Que los seres racionales fueron al principio intelectos sin cuerpo, todos iguales, que se cansaron de contemplar a Dios y cayeron.
  • Que según la gravedad de su caída se convirtieron en ángeles, hombres o demonios, y que podían volver a cambiar de condición.
  • Que el sol, la luna y las estrellas son seres racionales.
  • Que el cuerpo resucitado será etéreo y esférico, y que al final la materia desaparecerá.
  • Que Cristo es solo un intelecto que no cayó, y que al final todos los seres serán iguales a él.

El anatema 5, que condena la idea de pasar de un estado angélico a uno humano o demoníaco y viceversa, es el que más se cita como prueba de que «se prohibió la reencarnación». Pero describe un esquema cosmológico de caídas entre órdenes de seres, no la doctrina de renacer como otra persona o animal en la tierra. El texto completo está en la misma página de New Advent.

¿Se borró la reencarnación de la Biblia en 553?

No hay ninguna prueba de ello, y hay varias razones para descartarlo:

  • El texto bíblico ya circulaba en miles de copias en griego, latín, siríaco y copto mucho antes de 553. Códices completos como el Sinaítico y el Vaticano son del siglo IV, dos siglos anteriores al concilio, y no contienen pasajes sobre reencarnación que luego desaparezcan.
  • Ni las actas ni los anatemas mencionan cambios en los libros sagrados. El canon bíblico se había ido fijando en concilios regionales y listas de los siglos IV y V; para el contexto de esa historia puede verse el artículo sobre Nicea y los libros de la Biblia.
  • Autores cristianos muy anteriores, como Ireneo y Tertuliano, ya rechazaban la transmigración de las almas, y el propio Orígenes la llamó «ajena a la Iglesia».

La enseñanza católica actual lo resume en el Catecismo, n.º 1013: «Está establecido que los hombres mueran una sola vez (Hb 9, 27). No hay «reencarnación» después de la muerte». Esa cita de la carta a los Hebreos es precisamente un texto bíblico anterior a cualquier concilio.

¿Qué pasó con el papa Vigilio?

Terminó cediendo. El 8 de diciembre de 553 escribió una carta al patriarca Eutiquio y el 23 de febrero de 554 publicó un segundo Constitutum en el que condenaba los Tres Capítulos, aunque sin mencionar expresamente el concilio. Murió en Siracusa en 555, en el viaje de regreso a Roma. Varias iglesias del norte de Italia rechazaron la condena y rompieron con Roma durante décadas, en el llamado cisma de los Tres Capítulos.

Preguntas frecuentes

¿El Concilio de Constantinopla de 553 eliminó libros de la Biblia?

No. Sus actas tratan de los Tres Capítulos y de cuestiones sobre Cristo. No hay ninguna decisión sobre el canon ni sobre el texto bíblico.

¿Por qué se relaciona a Orígenes con la reencarnación?

Por su idea de la preexistencia de las almas y por acusaciones de Jerónimo. Sin embargo, en su Comentario a Mateo Orígenes rechaza expresamente la transmigración como ajena a la Iglesia.

¿Qué son los 15 anatemas contra Orígenes?

Son condenas del origenismo evagriano del siglo VI: preexistencia de las almas, restauración final, cuerpos esféricos tras la resurrección. Se vinculan al concilio de 553, pero su aprobación formal es discutida.

¿El papa aprobó el concilio de 553?

Vigilio se negó a participar y al principio se opuso, pero en diciembre de 553 y febrero de 554 aceptó la condena de los Tres Capítulos.

¿Qué dice hoy la Iglesia católica sobre la reencarnación?

El Catecismo (n.º 1013) afirma que no hay reencarnación después de la muerte, citando la carta a los Hebreos.

Fuentes: Actas, cánones y anatemas del Segundo Concilio de Constantinopla (Nicene and Post-Nicene Fathers, serie 2, vol. 14, en New Advent); T. Shahan, «Second Council of Constantinople», Catholic Encyclopedia (1908); Orígenes, Comentario a Mateo XIII.1; Eusebio, Historia eclesiástica VI.39; Catecismo de la Iglesia Católica, n.º 1013.

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