Durante casi mil años, el trono de Constantinopla estuvo ocupado por hombres. Hubo emperatrices poderosas, regentes y consortes influyentes, pero ninguna mujer había gobernado sola el Imperio romano de Oriente hasta Irene de Atenas, entre 797 y 802. Llegó al poder absoluto tras mandar cegar a su propio hijo, restauró el culto a las imágenes religiosas y su reinado se usó en Occidente como pretexto para coronar emperador a Carlomagno. Su figura sigue dividiendo a los historiadores.
Contexto: un imperio dividido por las imágenes
En el siglo VIII, el Imperio bizantino vivía una de sus crisis religiosas más profundas: la iconoclasia. Desde la década de 730, los emperadores de la dinastía isáurica habían prohibido la veneración de iconos, las imágenes de Cristo, la Virgen y los santos, por considerarla idolatría. Constantino V fue el más militante de ellos y persiguió a monjes y defensores de las imágenes, los llamados iconódulos.
Al mismo tiempo, el imperio resistía la presión del califato abasí en Asia Menor y de los búlgaros en los Balcanes, mientras en Occidente crecía el poder de los francos bajo Carlomagno.
Una huérfana ateniense en la corte
Irene nació en Atenas entre 750 y 756. Pertenecía a los Sarantapechos, una familia noble griega con influencia en el centro de Grecia. Era huérfana, y un tío o primo suyo, Constantino Sarantapechos, era patricio y posiblemente gobernador militar de la región.
No se sabe por qué fue elegida esposa de León, hijo y heredero de Constantino V. Algunos historiadores han especulado con un «concurso de novias», una costumbre bizantina posterior en la que se presentaban candidatas al futuro emperador, pero no hay pruebas sólidas. Lo más probable es que influyera el peso de su familia en Grecia. Lo llamativo es que Irene, en una corte iconoclasta, simpatizaba con las imágenes.
Llegó a Constantinopla el 1 de noviembre de 769, fue coronada el 17 de diciembre y se casó con León ese mismo día. El 14 de enero de 771 nació su único hijo, el futuro Constantino VI. En 775, León IV subió al trono e Irene se convirtió en emperatriz consorte.
Un cronista del siglo XI, Jorge Cedreno, contó que León descubrió dos iconos escondidos bajo la almohada de Irene y que desde entonces no volvió a compartir su lecho. La historiadora Lynda Garland considera que la anécdota se parece demasiado a otra que se cuenta de la emperatriz Teodora, un siglo después, como para darla por cierta.
Regente: más poder del que correspondía
León IV murió el 8 de septiembre de 780. Su hijo tenía nueve años e Irene se convirtió en regente. Seis semanas después desarticuló una conspiración para entronizar a Nicéforo, medio hermano de su marido: mandó azotar, tonsurar y desterrar a los altos cargos implicados, y obligó a Nicéforo y a sus cuatro hermanos a ordenarse sacerdotes, lo que los incapacitaba para reinar.
Desde el principio, Irene ejerció más poder del que se esperaba de una regente. En sus primeras monedas aparece ella sosteniendo el globo imperial en el anverso, la cara principal, mientras el nombre de su hijo queda relegado al reverso. Su nombre precedía al de Constantino en las órdenes y en el juramento de lealtad.
Su posición era frágil. La última mujer que había ejercido la regencia en Bizancio, Martina, en el siglo VII, había durado menos de un año antes de que le cortaran la lengua y la desterraran a Rodas.
El fin de la iconoclasia: el concilio de Nicea de 787
El acto más recordado de Irene fue la restauración de las imágenes. En 784 elevó al patriarcado a Tarasio, un laico de su confianza. Un primer concilio, reunido en 786 en la iglesia de los Santos Apóstoles de Constantinopla, fue disuelto por soldados de la guardia imperial, fieles a la memoria iconoclasta de Constantino V. Irene los alejó de la capital con el pretexto de un ataque árabe y reorganizó esas unidades.
En 787 el concilio se reunió en Nicea, la ciudad donde se había celebrado el primer concilio ecuménico en 325. Es el Segundo Concilio de Nicea, el séptimo ecuménico, reconocido tanto por la Iglesia ortodoxa como por la católica. Su decreto distinguió entre la «veneración de honor» que se debe a las imágenes y la adoración, reservada solo a Dios, y estableció que «el honor que se tributa a la imagen pasa a lo que la imagen representa». La iconoclasia volvería en 815, pero la doctrina de Nicea acabaría imponiéndose en 843.
Madre contra hijo
Cuando Constantino VI alcanzó la mayoría de edad, Irene siguió gobernando. En 790 descubrió una conspiración de su hijo, lo confinó y exigió que el ejército le jurara fidelidad solo a ella. Los soldados de Asia Menor se negaron y, en noviembre de 790, proclamaron a Constantino gobernante único. Irene quedó apartada, pero en 792 su hijo le devolvió sus títulos y ambos pasaron a gobernar juntos.
Constantino se fue debilitando. Fue derrotado por los búlgaros en Marcelas en 792 y reprimió con extrema crueldad una revuelta en 793. En 795 obligó a su esposa, María de Amnia, a entrar en un convento y se casó con su amante, Teodota. Los monjes más rigurosos, con Teodoro Estudita a la cabeza, lo consideraron un adulterio. Es la llamada controversia moiquiana.
Irene aprovechó el escándalo. En 797 sobornó a oficiales de palacio y alentó a la oposición monástica. Sus partidarios capturaron a Constantino y, el 19 de agosto de 797, lo cegaron y lo encerraron en un monasterio. No se sabe con certeza si sobrevivió a las heridas ni cuánto tiempo.
Cinco años de gobierno en solitario
Entre 797 y 802, Irene gobernó sola. Para atraerse apoyos rebajó impuestos y suprimió cargas, lo que la hizo popular pero vació el tesoro. Tuvo que pagar tributo al califa Harún al-Rashid para frenar sus incursiones y sofocó con dureza nuevas conspiraciones. En la corte, dos de sus eunucos de confianza, Estauracio y Aecio, se disputaban el poder.
En Occidente, el papa León III coronó a Carlomagno emperador el día de Navidad del año 800. Algunos defendieron entonces que el trono imperial estaba vacante porque lo ocupaba una mujer. Bizancio vio la coronación como una usurpación. Según Teófanes, incluso se negoció un matrimonio entre Irene y Carlomagno que habría unido los dos imperios, aunque el proyecto no prosperó.
En octubre de 802, el ministro de Finanzas, Nicéforo, encabezó un golpe de palacio y fue coronado emperador. Irene fue desterrada primero a la isla de Prínkipo y después a Lesbos, donde, según la tradición, se ganó la vida hilando lana. Murió allí el 9 de agosto de 803.
Mito y realidad
Mito: «Irene se hacía llamar emperador, no emperatriz». Realidad: es una afirmación muy repetida, pero solo hay tres casos en los que se puede probar que usó el título masculino basileus: dos documentos legales y una moneda hallada en Sicilia cuya atribución es dudosa. En el resto de documentos, monedas y sellos usó basilissa, emperatriz. La moneda de la imagen de portada lo muestra.
Mito: «Carlomagno fue coronado porque Irene era mujer». Realidad: el argumento del trono vacante se usó para justificar la coronación, pero los motivos del papa León III eran también políticos: necesitaba la protección de Carlomagno tras haber sido atacado en Roma. Carlomagno no reclamó nunca el trono de Constantinopla. Su biógrafo Eginardo asegura que la coronación le desagradó tanto que no habría entrado en la iglesia de haber conocido los planes del papa; muchos historiadores dudan de esa versión.
Mito: «Constantino VI murió en el acto». Realidad: las fuentes no lo aclaran. Es posible que muriera poco después, pero no hay certeza.
Mito: «Es santa de la Iglesia ortodoxa». Realidad: Teodoro Estudita la elogió y algunas fuentes la recuerdan como santa el 7 de agosto, pero no aparece en el Menaion, el libro litúrgico que recoge los santos del calendario ortodoxo.
Una figura difícil de juzgar
La principal fuente sobre Irene, el cronista Teófanes el Confesor, era favorable a las imágenes pero hostil a que una mujer interviniera en los asuntos del imperio. Para los defensores de los iconos fue una restauradora de la fe; para otros, la gobernante que debilitó el imperio y cometió un crimen contra su propio hijo. Lo que nadie discute es que abrió un camino: dos siglos después, Bizancio conocería otras mujeres en el trono, como las hermanas Zoe y Teodora, sobrinas de Basilio II.
Si te interesa cómo el cristianismo pasó a ser la religión del Estado romano, puedes leer nuestra historia del Edicto de Tesalónica.
Fuentes
- Segundo Concilio de Nicea (787). Decreto sobre las imágenes. Internet Medieval Sourcebook, Fordham University.
- Eginardo. Vida de Carlomagno (traducción inglesa). Internet Medieval Sourcebook, Fordham University.
- Wikipedia en inglés. Irene of Athens (con bibliografía de Lynda Garland, Judith Herrin y la crónica de Teófanes).
Preguntas frecuentes
¿Quién fue Irene de Atenas?
Una emperatriz bizantina nacida en Atenas a mediados del siglo VIII. Fue consorte de León IV, regente de su hijo Constantino VI y, entre 797 y 802, la primera mujer que gobernó sola el Imperio bizantino.
¿Por qué mandó cegar a su hijo?
Para eliminarlo como rival y quedarse con todo el poder. En 797 sus partidarios capturaron a Constantino VI y lo cegaron, una mutilación que en Bizancio incapacitaba para reinar.
¿Qué hizo Irene con la iconoclasia?
Impulsó el Segundo Concilio de Nicea de 787, que restauró la veneración de las imágenes religiosas y condenó la iconoclasia.
¿Qué relación tuvo con Carlomagno?
Negoció la boda de su hijo con una hija de Carlomagno, que no llegó a celebrarse. Su gobierno en solitario se usó como argumento para coronar emperador a Carlomagno en el año 800, y según Teófanes llegó a plantearse un matrimonio entre ambos.
¿Cómo terminó su reinado?
En 802 la derrocó un golpe palaciego encabezado por el ministro de Finanzas, Nicéforo. Murió desterrada en Lesbos el 9 de agosto de 803.
