«Matadlos a todos»: la masacre de Béziers y los cátaros

«Matadlos a todos, que Dios reconocerá a los suyos» es la frase atribuida al legado papal Arnaud Amalric antes de la masacre de Béziers, el 22 de julio de 1209, en la cruzada contra los cátaros. Pero nadie la registró en el momento: la recoge el monje Cesáreo de Heisterbach entre 1219 y 1223, y con una cautela que suele omitirse: Amalric «se dice que lo dijo».

La frase se ha convertido en símbolo del fanatismo religioso. La masacre, en cambio, sí está bien documentada, y lo está por boca de sus propios autores.

¿Quiénes eran los cátaros?

Los cátaros, también llamados albigenses por la ciudad de Albi, fueron un movimiento cristiano disidente que se extendió por el Languedoc, en el sur de la actual Francia, durante los siglos XII y XIII. Su teología era dualista: creían en dos principios, un Dios bueno y un demiurgo malo, al que llamaban Rex Mundi, «Rey del Mundo», y a quien atribuían la creación del mundo material.

Esa idea chocaba de frente con la doctrina católica de la Encarnación y con los sacramentos. En lugar del bautismo con agua, los cátaros practicaban el consolamentum, una imposición de manos. Sus orígenes se vinculan con los bogomilos de los Balcanes, un movimiento similar surgido en Bulgaria.

Lo que los hizo peligrosos para Roma no fue solo su doctrina, sino su arraigo: contaban con la protección de poderosos señores locales.

¿Por qué el papa declaró una cruzada contra los cátaros?

La Iglesia llevaba décadas intentando frenar el catarismo con concilios y predicadores, sin éxito. El detonante fue el asesinato del legado papal Pierre de Castelnau en 1208. Inocencio III sospechó que el responsable era Raimundo VI, conde de Tolosa, y convocó una cruzada contra los herejes.

A mediados de 1209 se reunieron entre 20.000 y 30.000 cruzados. Al mando estaba Arnaud Amalric, abad de Císter.

¿Qué pasó en Béziers el 22 de julio de 1209?

El ejército llegó a las afueras de Béziers el 21 de julio. Los cruzados pidieron a la ciudad que entregara a los herejes, de los que tenían una lista de 222 nombres. Los habitantes se negaron.

Al día siguiente, durante una salida de los defensores, los ribauds, la infantería más humilde del ejército, aprovecharon la confusión, apoyaron escalas contra las murallas y entraron en la ciudad. Empezó la matanza. Los que pudieron se refugiaron en las iglesias: la catedral y las de Santa María Magdalena y San Judas. No sirvió de nada. La catedral ardió y se derrumbó.

El dato más perturbador es demográfico. Según registros católicos de la época, Béziers no era un bastión cátaro: tenía casi 20.000 católicos bautizados y algo más de 300 cátaros. La inmensa mayoría de los muertos eran católicos.

¿Qué escribió el propio legado al papa?

Aquí no hace falta recurrir a leyendas. En agosto de 1209, Amalric y el legado Milo informaron a Inocencio III en una carta: «Los nuestros no perdonaron a nadie, sin importar rango, sexo ni edad, y pasaron a espada a casi 20.000 personas». Y añadieron que, tras la matanza, la ciudad fue saqueada e incendiada, «por obra de la venganza divina».

La cifra probablemente es exagerada, como solían serlo las cifras medievales. Pero el tono de la carta no es de arrepentimiento, sino de triunfo.

Mito y realidad: ¿dijo «Matadlos a todos»?

Mito: cuando los soldados le preguntaron cómo distinguir a los herejes de los católicos, el abad respondió en el acto: «Matadlos a todos; Dios reconocerá a los suyos».

Realidad: la única fuente es el Diálogo de los milagros de Cesáreo de Heisterbach, un monje cisterciense alemán que escribió entre 1219 y 1223, más de diez años después y lejos del Languedoc. La versión latina dice: Caedite eos. Novit enim Dominus qui sunt eius, «Matadlos. Pues el Señor conoce a los que son suyos». La segunda mitad cita la Segunda Carta a Timoteo (2:19).

Tres matices importan:

  • Cesáreo no afirma que Amalric lo dijera: escribe dixisse fertur, «se cuenta que dijo».
  • Cesáreo era cisterciense, como Amalric. No tenía motivos para inventar algo en contra de su abad, y pudo oírlo de monjes que acompañaron al ejército.
  • Según su relato, el temor del abad era que los herejes fingieran ser católicos para salvarse y volvieran luego a su herejía.

Conclusión: la frase no puede probarse, pero refleja con bastante exactitud lo que ocurrió. La carta auténtica del legado es, en cierto modo, peor que la frase apócrifa.

¿Cómo siguió la cruzada albigense?

La noticia del desastre corrió rápido, y muchas localidades, como Narbona, se rindieron sin luchar. Carcasona cayó el 15 de agosto de 1209. Su vizconde, Raimundo Roger Trencavel, fue apresado durante una tregua y murió en cautiverio ese mismo año. A sus habitantes se les dejó salir, aunque prácticamente con lo puesto. Simón de Montfort asumió el mando militar y recibió las tierras de Trencavel.

La guerra se volvió entonces también una conquista territorial del norte sobre el sur. Pedro II de Aragón acudió en defensa de sus vasallos y aliados occitanos, pero murió en la batalla de Muret, el 12 de septiembre de 1213. Hubo revueltas y reconquistas entre 1215 y 1225, hasta que el Tratado de París, firmado en Meaux el 12 de abril de 1229, puso fin a la cruzada y alineó el condado de Tolosa con la corona francesa.

¿Cuándo desaparecieron los cátaros?

La cruzada no acabó con el catarismo; lo hizo la Inquisición. En 1233 se estableció la Inquisición medieval, muy ligada a la orden de los dominicos, nacida en el mismo contexto de predicación contra la herejía. Entre mayo de 1243 y marzo de 1244 fue sitiada la fortaleza de Montségur, último gran refugio cátaro. Hacia 1350, el movimiento había sido prácticamente eliminado.

La historia de los cátaros, como la de otros grupos declarados herejes —los debates de Nicea o la ruptura del cisma de 1054—, recuerda que la ortodoxia cristiana se definió muchas veces por oposición a quienes perdieron.

Fuentes: Cesáreo de Heisterbach, Dialogus miraculorum; carta de Arnaud Amalric y Milo a Inocencio III (agosto de 1209); Massacre at Béziers; «Kill them all; for the Lord knoweth them that are His»; Albigensian Crusade.

Preguntas frecuentes

¿Quién dijo «Matadlos a todos, que Dios reconocerá a los suyos»?

Se atribuye al legado papal Arnaud Amalric, abad de Císter, en Béziers en 1209. La única fuente es Cesáreo de Heisterbach, que escribió entre 1219 y 1223 y dice que «se cuenta» que lo dijo.

¿Qué pasó en Béziers en 1209?

El 22 de julio de 1209 los cruzados tomaron la ciudad y mataron a buena parte de sus habitantes. El propio legado informó al papa de «casi 20.000» muertos.

¿Quiénes eran los cátaros?

Un movimiento cristiano dualista del sur de Francia, en los siglos XII y XIII, que creía que el mundo material era obra de un principio malo.

¿Cuántos cátaros había en Béziers?

Según registros católicos de la época, algo más de 300, frente a casi 20.000 católicos.

¿Cuándo terminó la cruzada albigense?

Con el Tratado de París, firmado en Meaux el 12 de abril de 1229.

¿Qué pasó con los cátaros después?

La Inquisición, establecida en 1233, los persiguió. Montségur cayó en 1244, y hacia 1350 el movimiento había desaparecido.

Imagen de portada: «Expulsión de los cátaros», miniatura del taller del Maestro de Boucicaut, c. 1415. Dominio público, vía Wikimedia Commons.

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