Francisco de Miranda y Catalina la Grande: lo que de verdad pasó en Rusia

Pocas escenas de la historia venezolana se cuentan con tanto gusto como la de Francisco de Miranda en la corte de Catalina la Grande. La versión popular dice que el caraqueño fue amante de la emperatriz de Rusia. La versión documentada es menos picante y más interesante: Miranda, un fugitivo buscado por España, consiguió en pocos meses la protección de la mujer más poderosa de Europa. Esta es la historia de cómo lo hizo y de lo que sabemos —y no sabemos— de esa relación.

Quién era Miranda cuando llegó a Rusia

Sebastián Francisco de Miranda nació en Caracas el 28 de marzo de 1750, hijo de un comerciante canario. Su familia sufrió el desprecio de los mantuanos caraqueños, que veían con malos ojos a los isleños enriquecidos, y esa herida social marcó su juventud. En 1771 viajó a España, compró una capitanía en el ejército y sirvió en el norte de África y luego en el Caribe, durante la guerra en la que España apoyó la independencia de las Trece Colonias. Participó en el sitio de Pensacola en 1781.

Su carrera militar terminó en sospechas. Fue acusado de contrabando y de pasar información a los británicos, cargos que nunca se probaron del todo. En 1783 huyó a Estados Unidos, donde conoció a George Washington, Alexander Hamilton y otros líderes de la nueva república. A partir de 1785 recorrió Europa con un objetivo cada vez más claro: buscar apoyo para la independencia de la América española. Para la Corona era un desertor y un conspirador, y sus agentes lo vigilaban.

Miranda viajaba con una curiosidad casi enciclopédica. Visitaba bibliotecas, cuarteles, cárceles, hospitales y burdeles, y lo anotaba todo en un diario minucioso. Esos papeles, que él mismo organizó en decenas de volúmenes y que hoy se conocen como Colombeia, son la fuente principal para reconstruir su paso por Rusia.

El encuentro de Kiev, 1787

A finales de 1786 Miranda cruzó desde el Imperio otomano hacia las tierras rusas del mar Negro. Allí conoció al príncipe Grigori Potemkin, el favorito y gran colaborador de Catalina II, que gobernaba los territorios recién conquistados del sur. Potemkin quedó impresionado por el viajero sudamericano, que hablaba de política, de guerra y de filosofía con soltura, y lo llevó consigo.

En febrero de 1787 Catalina estaba en Kiev, en medio de su célebre viaje hacia Crimea, el mismo del que nació la leyenda de las «aldeas Potemkin». Fue allí donde Miranda le fue presentado. Según su diario, la emperatriz lo recibió varias veces, conversó con él sobre la América española, sobre la Inquisición y sobre su situación personal, y mostró un interés genuino por el criollo que se presentaba como enemigo del despotismo español.

Catalina tenía entonces 57 años y Miranda 36. Ella era una monarca absoluta que se carteaba con Voltaire y Diderot y cultivaba la imagen de soberana ilustrada. Él era un hombre sin patria y sin dinero, pero con una enorme capacidad de seducción intelectual. La relación que describen las fuentes es la de una protectora y un protegido, con una cordialidad poco común entre una emperatriz y un extranjero sin rango.

Lo que Catalina le dio

Los hechos verificables son concretos. Catalina le ofreció quedarse en Rusia y entrar a su servicio, oferta que Miranda rechazó con cortesía porque su proyecto seguía siendo americano. Le concedió una suma de dinero para sus viajes y le autorizó a usar el uniforme de coronel del ejército ruso, un gesto que le daba estatus en las cortes europeas.

Lo más valioso fue la protección diplomática. La emperatriz ordenó a sus embajadas en Europa que acogieran a Miranda y lo protegieran de las gestiones españolas para capturarlo. España, a través de su representante en San Petersburgo, pidió su entrega o al menos su expulsión, y Rusia se negó. Para un fugitivo, aquello equivalía a un pasaporte de inmunidad informal. Miranda salió de Rusia en septiembre de 1787 y siguió viaje por Escandinavia con cartas rusas en el bolsillo.

Mito y realidad: ¿fueron amantes?

La idea de que Miranda fue amante de Catalina se repite en novelas, telenovelas, artículos de divulgación y conversaciones de sobremesa. Tiene ingredientes atractivos: Catalina tuvo varios favoritos conocidos, su vida privada fue objeto de propaganda y chismes en toda Europa, y Miranda era un hombre de muchas conquistas, como él mismo anotó sin pudor en sus diarios.

Sin embargo, no existe ningún documento que pruebe una relación amorosa entre ambos. El propio Miranda, que registraba con detalle sus encuentros sexuales en otros países, no describe nada parecido con la emperatriz. Sus anotaciones sobre Catalina hablan de audiencias, conversaciones, cenas y gestos de favor. Los historiadores que han trabajado la Colombeia coinciden en que la tesis del romance es una suposición posterior, alimentada por la fama de ambos personajes.

Conviene también recordar el contexto: en 1787 Catalina tenía un favorito oficial, Alexander Mamónov, y el círculo de Potemkin controlaba el acceso a ella. Una relación íntima con un extranjero de paso habría dejado huella en la abundante correspondencia de la corte. No la dejó. Lo prudente, por tanto, es decir que hubo admiración mutua y una protección política excepcional, y que el romance es leyenda.

Por qué Rusia le importaba a Miranda

Más allá de la anécdota, la estancia rusa fue clave en la formación del Precursor. Fue su primera experiencia en la alta política de una gran potencia, y aprendió a moverse entre ministros, embajadores y favoritos. Entendió que la independencia americana necesitaría aliados europeos, y que esos aliados actuarían por interés, no por simpatía.

Esa lección guió sus años siguientes. En Londres negoció durante décadas con los gobiernos británicos, buscando barcos, armas y dinero. En la Francia revolucionaria llegó a general y su nombre quedó grabado en el Arco del Triunfo de París, el único latinoamericano con esa distinción. Fue juzgado por el Tribunal Revolucionario en 1793 y absuelto, aunque pasó meses en prisión durante el Terror.

Lo que vino después

En 1806 Miranda organizó una expedición desde Estados Unidos y desembarcó en La Vela de Coro, donde izó por primera vez la bandera amarilla, azul y roja que luego heredarían Venezuela, Colombia y Ecuador. La población no lo siguió y la expedición fracasó. Volvió a Londres, donde su casa de Grafton Street se convirtió en punto de encuentro de los patriotas americanos. Allí lo visitaron en 1810 Simón Bolívar, Andrés Bello y Luis López Méndez, enviados de la Junta de Caracas.

Regresó a Venezuela a finales de 1810, fue diputado al Congreso que declaró la independencia el 5 de julio de 1811 y en 1812 recibió el mando supremo con el título de generalísimo. La república se derrumbaba entre el terremoto de marzo de 1812, las deserciones y el avance realista de Domingo de Monteverde. En julio de ese año Miranda firmó la capitulación de San Mateo.

Lo que siguió es uno de los episodios más amargos de la independencia. En la madrugada del 31 de julio de 1812, en La Guaira, un grupo de oficiales patriotas, entre ellos el joven Bolívar, lo arrestó por considerar la capitulación una traición. Miranda quedó en manos de los españoles. Pasó por las prisiones de La Guaira, Puerto Cabello y El Morro de Puerto Rico, y terminó en el arsenal de La Carraca, en Cádiz, donde murió el 14 de julio de 1816. Su cuerpo fue arrojado a una fosa común. En el Panteón Nacional de Caracas un cenotafio vacío espera sus restos.

Una amistad que la historia convirtió en novela

El episodio ruso sigue fascinando porque condensa lo que fue Miranda: un hombre que se movía con la misma facilidad entre emperatrices y revolucionarios, que convirtió su vida en un proyecto político y que dejó un archivo excepcional. La relación con Catalina no necesita adornos para ser extraordinaria. Que una autócrata rusa protegiera a un conspirador caraqueño frente a la monarquía española ya dice bastante de ambos.

Para quien quiera seguir el hilo de la historia venezolana en Codiguillos, este relato conecta con el de su sucesor en la causa, Bolívar y Manuela Sáenz, y con el final del Libertador en ¿De qué murió Simón Bolívar?.

Fuentes

  • Miranda, Francisco de. Colombeia. Archivo del General Miranda, Programa Memoria del Mundo de la UNESCO: unesco.org
  • Wikipedia en español: Francisco de Miranda
  • Encyclopaedia Britannica: Francisco de Miranda
  • Racine, Karen. Francisco de Miranda: A Transatlantic Life in the Age of Revolution. Scholarly Resources, 2003.
  • Biblioteca Virtual Miguel de Cervantes: Portal Francisco de Miranda

Preguntas frecuentes

¿Fue Francisco de Miranda amante de Catalina la Grande?

No hay pruebas. Sus diarios, muy explícitos con otras relaciones, describen audiencias y conversaciones con la emperatriz, no un romance. La idea es una leyenda posterior.

¿Dónde conoció Miranda a Catalina II?

En Kiev, en febrero de 1787, durante el viaje de la emperatriz hacia Crimea. Lo introdujo el príncipe Potemkin.

¿Qué le dio Catalina la Grande a Miranda?

Dinero para sus viajes, permiso para usar el uniforme de coronel ruso y la orden a sus embajadas de protegerlo frente a España.

¿Dónde murió Francisco de Miranda?

En el arsenal de La Carraca, en Cádiz, el 14 de julio de 1816. Sus restos se perdieron en una fosa común.

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