Decreto de Guerra a Muerte: qué decía, por qué lo firmó Bolívar y cuánto costó

«Españoles y canarios, contad con la muerte, aun siendo indiferentes, si no obráis activamente en obsequio de la libertad de la América. Americanos, contad con la vida, aun cuando seáis culpables.» Con estas líneas, firmadas en Trujillo el 15 de junio de 1813, Simón Bolívar convirtió la lucha por la independencia de Venezuela en una guerra sin cuartel. El Decreto de Guerra a Muerte es uno de los documentos más citados y discutidos de la historia venezolana: para unos, una respuesta inevitable a la represión realista; para otros, la puerta a una espiral de matanzas que devastó al país.

El contexto: una república derrotada

Para entender el decreto hay que volver a 1812. La Primera República venezolana, nacida con la declaración de independencia del 5 de julio de 1811, se derrumbó en apenas un año. El terremoto del 26 de marzo de 1812, que destruyó Caracas y otras ciudades, fue presentado por el clero realista como castigo divino. Las tropas del capitán Domingo de Monteverde avanzaron desde Coro, y en julio Francisco de Miranda firmó la capitulación de San Mateo.

Monteverde no respetó los términos de la capitulación. Hubo detenciones masivas, confiscaciones de bienes y envíos de patriotas a cárceles en Puerto Cabello, Puerto Rico y Ceuta. Las noticias sobre abusos de algunas partidas realistas circulaban entre los emigrados patriotas en la Nueva Granada, y alimentaron el deseo de revancha.

Bolívar había escapado a Curazao y luego a Cartagena de Indias, donde en diciembre de 1812 publicó el Manifiesto de Cartagena, un análisis de las causas de la caída de la república. Con apoyo del gobierno de la Nueva Granada, a comienzos de 1813 inició desde Cúcuta la Campaña Admirable, una ofensiva relámpago hacia Caracas.

El antecedente de Briceño

La idea de una guerra a muerte no nació con Bolívar. En enero de 1813, en Cartagena, el abogado trujillano Antonio Nicolás Briceño, conocido como «el Diablo», propuso un plan que ofrecía recompensas y ascensos según el número de cabezas de españoles presentadas. El plan generó rechazo incluso entre patriotas y Bolívar se distanció de sus términos más extremos. Briceño invadió Venezuela por su cuenta, fue capturado y fusilado en Barinas en junio de 1813, días antes del decreto.

Su ejecución, junto con otras noticias de fusilamientos realistas, pesó en el ánimo de Bolívar cuando llegó a Trujillo.

Qué decía el decreto

El texto, dirigido «a sus conciudadanos», comienza justificando la campaña como una misión de liberación enviada por la Nueva Granada. Acusa a los españoles de crímenes y de haber violado la capitulación de 1812. Ofrece perdón y amnistía a los españoles que se unan a la causa patriota y declara que los americanos, incluso los que hubieran servido al rey, serían respetados.

El núcleo es la distinción por origen. Los peninsulares y canarios que no apoyaran activamente la independencia serían tratados como enemigos y ejecutados. Los nacidos en América serían perdonados aunque hubieran combatido en el bando realista. La intención política era clara: convertir una guerra civil entre venezolanos en una guerra entre americanos y españoles, obligando a cada habitante a escoger bando según su nacimiento.

Esa era, de hecho, la gran paradoja de 1813. La mayoría de los combatientes realistas eran nacidos en Venezuela: llaneros, pardos, esclavos y campesinos que no veían en la república de los mantuanos un proyecto propio. El decreto buscaba romper esa lealtad, con resultados muy discutibles.

Las consecuencias: 1813 y 1814

La Campaña Admirable fue un éxito militar. Bolívar entró en Caracas el 6 de agosto de 1813 y recibió el título de Libertador. Pero la guerra no terminó. En los llanos surgió la figura de José Tomás Boves, un asturiano que armó un ejército de llaneros con promesas de saqueo y de venganza social contra los blancos criollos. Sus tropas cometieron matanzas en ciudades como Valencia, Cumaná y otras.

El episodio más terrible atribuible directamente al decreto ocurrió en febrero de 1814. Con Caracas amenazada y temiendo una sublevación de los prisioneros, Bolívar ordenó la ejecución de los presos españoles y canarios en La Guaira y Caracas. Las cifras varían según las fuentes, pero suelen situarse en torno a ochocientas personas, incluidos enfermos del hospital. Los propios contemporáneos lo vieron como un acto extremo, y la historiografía venezolana lo discute hasta hoy.

En 1814 cayó la Segunda República. La emigración a Oriente, en la que miles de caraqueños huyeron a pie ante el avance de Boves, se convirtió en símbolo de la tragedia. Venezuela perdió una parte significativa de su población entre combates, ejecuciones, epidemias y hambre. Las estimaciones demográficas son imprecisas, pero todos los historiadores coinciden en que la década de guerra fue devastadora.

Mito y realidad

Mito: el decreto fue la causa de la violencia. La violencia ya existía antes, por parte de ambos bandos. El decreto la formalizó y la legitimó en el bando patriota, pero no la inventó.

Mito: solo los patriotas mataron prisioneros. Los jefes realistas como Boves, Francisco Tomás Morales o Antonio Zuazola fueron responsables de numerosas matanzas, algunas anteriores al decreto.

Mito: el decreto se aplicó a rajatabla en todas partes. En la práctica hubo excepciones, indultos y oficiales que se negaron a cumplirlo. Su aplicación dependió mucho de los jefes locales.

Realidad: fue un instrumento político y militar deliberado, que Bolívar defendió en su momento como respuesta a la «perfidia» española, y que años después él mismo ayudó a desmontar.

El final: el Tratado de Regularización de la Guerra

La guerra a muerte terminó oficialmente en noviembre de 1820. Tras años de combates y con la situación política en España cambiada por la revolución liberal de ese año, Bolívar y el general español Pablo Morillo acordaron un armisticio y, el 26 de noviembre de 1820, firmaron en Santa Ana de Trujillo el Tratado de Regularización de la Guerra. El documento establecía el respeto a los prisioneros, el canje de cautivos y el trato humanitario a heridos y población civil.

Al día siguiente Bolívar y Morillo se abrazaron en Santa Ana, en una escena que la pintura y la memoria venezolanas han conservado. Juristas e historiadores consideran ese tratado un antecedente temprano del derecho internacional humanitario, décadas antes de las convenciones de Ginebra. La ironía histórica es evidente: el mismo estado de Trujillo vio nacer la guerra a muerte en 1813 y su fin en 1820.

Por qué sigue importando

El decreto sigue apareciendo en debates sobre la naturaleza de la independencia, sobre el uso político de la violencia y sobre la figura de Bolívar. Es un documento incómodo que obliga a mirar la emancipación sin estampas heroicas, como una guerra civil feroz en la que la población civil pagó el precio más alto. Leerlo completo, con su contexto, es la mejor manera de evitar tanto la justificación automática como la condena descontextualizada.

Este hilo conecta con otros episodios de la vida del Libertador en Codiguillos: Manuela Sáenz y Bolívar y ¿De qué murió Simón Bolívar?.

Fuentes

Preguntas frecuentes

¿Cuándo y dónde se firmó el Decreto de Guerra a Muerte?

El 15 de junio de 1813 en Trujillo, Venezuela, durante la Campaña Admirable de Simón Bolívar.

¿Qué establecía el decreto?

Que los españoles y canarios que no apoyaran activamente la independencia serían ejecutados, y que los americanos serían perdonados aunque hubieran servido al rey.

¿Cuándo terminó la guerra a muerte?

Con el Tratado de Regularización de la Guerra, firmado por Bolívar y Pablo Morillo en Santa Ana de Trujillo el 26 de noviembre de 1820.

¿Cuántas personas murieron por el decreto?

No hay una cifra total fiable. El episodio más documentado es la ejecución de unos ochocientos prisioneros españoles y canarios en La Guaira y Caracas en febrero de 1814.

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