Manuscritos del Mar Muerto: qué son, quién los escribió y qué revelan

Los manuscritos del Mar Muerto son unos 900 textos judíos antiguos, en hebreo, arameo y griego, hallados entre 1947 y 1956 en once cuevas cerca de Qumrán, junto al mar Muerto. Se copiaron entre el siglo III a. C. y el I d. C. e incluyen las copias más antiguas conocidas de libros de la Biblia hebrea.

Detalle del Gran Rollo de Isaías hallado en la cueva 1 de Qumrán (Wikimedia Commons, dominio público)
Gran Rollo de Isaías (1QIsaa), cueva 1 de Qumrán. Dominio público vía Wikimedia Commons.

Pocas expresiones arrastran tanto misterio como «manuscritos del Mar Muerto». Se han presentado como textos que la Iglesia o el Vaticano quisieron ocultar, como la prueba de que Jesús era esenio o como un evangelio perdido. La realidad es menos novelesca, pero muy importante: son la mayor colección de textos judíos de la época del Segundo Templo que conservamos.

¿Cómo se descubrieron los manuscritos del Mar Muerto?

Según el relato que recoge la Autoridad de Antigüedades de Israel en su biblioteca digital Leon Levy, un pastor beduino de la tribu ta’amireh buscaba una cabra perdida entre los acantilados de la orilla noroeste del mar Muerto, cerca de las ruinas de Qumrán. Lanzó una piedra dentro de una cueva y oyó cómo se rompía cerámica. Al entrar encontró grandes tinajas de barro; la mayoría estaban vacías, pero algunas contenían rollos envueltos en lino. A uno de los jóvenes beduinos implicados, Muhammad edh-Dhib, se le suele atribuir el hallazgo, que se fecha a finales de 1946 o en 1947.

Los beduinos sacaron siete rollos. Vendieron cuatro a un anticuario de Belén apodado Kando, que los revendió al arzobispo sirio-ortodoxo Atanasio Samuel, del monasterio de San Marcos de Jerusalén. Los otros tres fueron a parar a otro comerciante y, a finales de 1947, los compró el profesor Eleazar Lipa Sukenik, de la Universidad Hebrea, que reconoció enseguida su antigüedad.

¿Cómo acabaron los siete rollos en Jerusalén?

La historia de los cuatro rollos del arzobispo es casi de película. En 1949 Samuel los sacó del país y los llevó a Estados Unidos. En 1954 publicó un anuncio en el Wall Street Journal: «Se venden cuatro manuscritos bíblicos que datan al menos del 200 a. C.». Yigael Yadin, hijo de Sukenik, los compró a través de un intermediario estadounidense en nombre del Estado de Israel.

Los siete rollos de la cueva 1 se reunieron así en Jerusalén y desde 1965 se exhiben en el Santuario del Libro, un edificio del Museo de Israel construido para ellos.

¿Cuántos manuscritos hay y qué contienen?

Tras el primer hallazgo, beduinos y arqueólogos se lanzaron a explorar la zona. Entre 1949 y 1956, el dominico Roland de Vaux y el británico Gerald Lankester Harding dirigieron excavaciones en Qumrán y en las cuevas cercanas. En total se identificaron once cuevas con manuscritos. La cueva 4, sola, dio miles de fragmentos de unos 500 rollos distintos.

Hoy se habla de decenas de miles de fragmentos que corresponden a más de 900 textos diferentes. Se suelen dividir en tres grupos:

  • Textos bíblicos: copias de todos los libros de la Biblia hebrea excepto Ester. Los más representados son los Salmos, el Deuteronomio e Isaías.
  • Textos parabíblicos y apócrifos: obras como el libro de Henoc, el de los Jubileos o el Génesis apócrifo, que ya se conocían por otras vías o que eran totalmente desconocidas.
  • Textos sectarios: escritos propios de un grupo concreto, como la Regla de la Comunidad, el Rollo de la Guerra o los comentarios (pesharim) que leen los profetas como anuncios de su propio tiempo.

La mayoría están en hebreo, una parte importante en arameo y unos pocos en griego. Casi todos son de pergamino y algunos de papiro. Hay incluso un rollo de cobre con una lista de tesoros escondidos que nadie ha encontrado.

¿Por qué es tan importante el Gran Rollo de Isaías?

Antes de Qumrán, los manuscritos hebreos completos más antiguos de la Biblia eran códices medievales, como el Códice de Alepo (siglo X) o el de Leningrado (1008). El Gran Rollo de Isaías (1QIsaa), copiado hacia el siglo II a. C., es unos mil años más antiguo y contiene el libro completo en 54 columnas.

Al compararlo con el texto medieval, el resultado fue doble. Por un lado, el texto de Isaías se había transmitido con notable fidelidad, con diferencias sobre todo de ortografía. Por otro, Qumrán mostró que en la época circulaban varias formas del texto bíblico, algunas próximas a la traducción griega de los Setenta. Es decir, no había todavía un texto único y fijado de cada libro.

¿Quién escribió los manuscritos del Mar Muerto?

La hipótesis clásica, propuesta por de Vaux, es que pertenecían a una comunidad de esenios instalada en Qumrán. Se apoya en dos argumentos: los textos sectarios describen una comunidad con reglas muy parecidas a las que el historiador judío Flavio Josefo atribuye a los esenios, y Plinio el Viejo (Historia natural V, 73) sitúa a los esenios en la orilla occidental del mar Muerto, por encima de En Guedi.

Esa hipótesis sigue siendo la mayoritaria, pero no es unánime. El historiador Norman Golb defendió que los rollos procedían de bibliotecas de Jerusalén escondidas durante la guerra contra Roma (66-70 d. C.). Otros autores aceptan un núcleo sectario en Qumrán pero creen que muchos textos se escribieron fuera y se llevaron allí. Lo que sí está claro es que no todo lo hallado en las cuevas es obra de un solo grupo.

¿Hablan de Jesús o de los primeros cristianos?

No. Ningún manuscrito de Qumrán menciona a Jesús, a Juan el Bautista ni a ningún personaje del Nuevo Testamento. Durante años se especuló con que algún fragmento en griego de la cueva 7 fuera un trozo del Evangelio de Marcos, pero esa identificación fue rechazada por la gran mayoría de los especialistas.

Su valor para entender el cristianismo es indirecto: muestran el ambiente religioso judío en el que nació. Ideas como la lucha entre los «hijos de la luz» y los «hijos de las tinieblas», la espera de un mesías o la lectura de los profetas como profecías cumplidas en el presente aparecen tanto en Qumrán como en los evangelios.

Tampoco deben confundirse con los manuscritos de Nag Hammadi, hallados en Egipto en 1945, que son cristianos y gnósticos y están escritos en copto.

¿El Vaticano ocultó los manuscritos?

Es una acusación que se popularizó en los años noventa, pero no se sostiene. Lo que sí ocurrió fue un retraso escandaloso en la publicación. Desde 1953 los fragmentos de la cueva 4 se confiaron a un pequeño equipo internacional en el Museo Rockefeller de Jerusalén. Durante cerca de 40 años, menos de una docena de investigadores controló su estudio y publicó muy poco.

La presión pública creció a finales de los ochenta. En 1991 se difundieron reconstrucciones y fotografías de textos no publicados, y la Autoridad de Antigüedades de Israel reorganizó el proyecto con el profesor Emanuel Tov como editor jefe y un equipo mucho más amplio. Desde entonces se publicó casi todo en la serie Discoveries in the Judaean Desert. Hoy pueden verse imágenes de alta resolución de miles de fragmentos en la biblioteca digital Leon Levy.

El retraso se debió a la lentitud académica y al reparto exclusivo de los textos, no a un contenido peligroso para ninguna iglesia.

¿Hay manuscritos del Mar Muerto falsos?

Sí, y es un problema reciente. Desde 2002 aparecieron en el mercado de antigüedades unos 70 fragmentos supuestamente procedentes de Qumrán. El Museo de la Biblia de Washington compró 16 de ellos. En 2018 anunció que cinco eran probablemente falsos y, en 2020, un equipo independiente dirigido por la investigadora Colette Loll concluyó que los 16 eran falsificaciones modernas: cuero probablemente antiguo con escritura añadida en el siglo XX y recubierto para imitar los rollos auténticos.

Estas falsificaciones no afectan a los manuscritos excavados en las cuevas, cuya procedencia está documentada. El caso recuerda al del papiro de la «esposa de Jesús»: textos sin procedencia clara que llegan al mercado justo cuando más se pagan.

Preguntas frecuentes

¿Dónde están hoy los manuscritos del Mar Muerto?

La mayoría se conserva en Jerusalén, en el Santuario del Libro del Museo de Israel y en los laboratorios de la Autoridad de Antigüedades de Israel. Algunos fragmentos están en Jordania y en colecciones privadas.

¿Qué antigüedad tienen?

Se copiaron aproximadamente entre el siglo III a. C. y el siglo I d. C. Las dataciones se basan en la paleografía y en análisis de carbono 14 realizados en los años noventa.

¿Contienen libros que no están en la Biblia?

Sí. Además de textos bíblicos, incluyen obras apócrifas como Henoc o Jubileos y escritos propios de una comunidad sectaria, desconocidos hasta su hallazgo.

¿Se pueden ver en internet?

Sí. La Autoridad de Antigüedades de Israel ofrece imágenes de alta resolución de miles de fragmentos en la biblioteca digital Leon Levy.

¿Por qué interesan tanto los textos antiguos sobre creencias perdidas?

Porque permiten ver ideas que luego quedaron fuera de la ortodoxia. Un ejemplo cristiano es la condena de las ideas de Orígenes en el siglo VI, que tratamos en el artículo sobre Justiniano y la reencarnación.

Fuentes: Autoridad de Antigüedades de Israel, The Leon Levy Dead Sea Scrolls Digital Library: Discovery and Publication; Museum of the Bible y Art Fraud Insights, informe sobre los 16 fragmentos (2019-2020); Plinio el Viejo, Historia natural V, 73; Flavio Josefo, Guerra de los judíos II, 8.

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