Manuscritos de Nag Hammadi: qué son y qué contienen

Los manuscritos de Nag Hammadi son trece códices de papiro escritos en copto y encontrados en diciembre de 1945 cerca de Nag Hammadi, en el Alto Egipto. Contienen 52 tratados, casi todos gnósticos, entre ellos el único texto completo del Evangelio de Tomás. Se copiaron en el siglo IV y hoy están en el Museo Copto de El Cairo.

Página del Códice II de Nag Hammadi con el final del Apócrifo de Juan y el comienzo del Evangelio de Tomás (Wikimedia Commons, dominio público)
Códice II de Nag Hammadi, p. 32: final del Apócrifo de Juan e inicio del Evangelio de Tomás. Dominio público vía Wikimedia Commons.

Se habla de Nag Hammadi como de la «biblioteca secreta» que la Iglesia quiso destruir, o como de los «evangelios prohibidos» que contarían otra historia de Jesús. Hay algo de verdad en ambas ideas, pero también mucha exageración. Este es un repaso de lo que se sabe con seguridad, lo que es hipótesis y lo que es pura leyenda.

¿Cómo se descubrieron los manuscritos de Nag Hammadi?

Según el relato que reunió en los años setenta el investigador estadounidense James M. Robinson, en diciembre de 1945 un campesino llamado Muhammad Ali al-Samman cavaba junto a una roca al pie del acantilado de Jabal al-Tarif, cerca de Nag Hammadi, buscando tierra fértil (sabaj) para abonar. Encontró una jarra de barro sellada. Dudó en abrirla por miedo a que tuviera un genio dentro, pero la rompió esperando hallar oro. Dentro había libros encuadernados en cuero.

La historia que sigue es la de muchos hallazgos de la época: parte de las hojas se habría quemado en el horno de la familia, los códices pasaron por varias manos, un sacerdote copto, comerciantes de antigüedades de El Cairo y coleccionistas extranjeros. Robinson recogió además un detalle novelesco, que la familia estaba envuelta en una venganza de sangre por el asesinato del padre.

Conviene saber que ese relato no es indiscutible. El especialista británico Mark Goodacre publicó en 2013 un artículo en el Journal for the Study of the New Testament titulado «How Reliable is the Story of the Nag Hammadi Discovery?», donde señala contradicciones entre las versiones y elementos que parecen adornos. Lo que no está en duda es el lugar aproximado, el año y que los códices aparecieron juntos.

¿Qué contienen los códices de Nag Hammadi?

El conjunto está formado por doce códices encuadernados en cuero y ocho hojas de un decimotercero que en la antigüedad se guardaron dentro de la tapa del sexto. En total suman 52 tratados, aunque algunos están repetidos en más de un códice y otros muy dañados. Todos están en copto, la última fase de la lengua egipcia escrita con alfabeto griego, y son traducciones de originales griegos.

Entre los textos más conocidos están:

  • El Evangelio de Tomás, una colección de 114 dichos atribuidos a Jesús, sin relato de nacimiento, milagros ni pasión.
  • El Evangelio de Felipe, una antología de reflexiones sobre los sacramentos.
  • El Evangelio de la Verdad, un sermón atribuido con frecuencia al maestro gnóstico Valentín.
  • El Apócrifo de Juan, que expone el mito gnóstico de la creación por un dios inferior (el demiurgo).
  • Textos que no son cristianos: tratados herméticos y un fragmento adaptado de la República de Platón.

No todo es «gnosticismo» en sentido estricto. La colección es variada y por eso muchos especialistas prefieren hablar de una biblioteca heterogénea más que de las escrituras de una sola secta.

¿De cuándo son los manuscritos de Nag Hammadi?

Hay que distinguir dos fechas. Las copias físicas son del siglo IV: en el cartón que refuerza las cubiertas de cuero aparecieron recibos y cartas reutilizados con fechas de mediados de ese siglo, lo que da un límite seguro. Las obras, en cambio, se compusieron antes, en griego, muchas durante los siglos II y III.

El caso más debatido es el del Evangelio de Tomás. Ya se conocían fragmentos griegos de esos dichos gracias a los papiros de Oxirrinco, hallados en 1897 y publicados a partir de 1898 (P.Oxy. 1, 654 y 655), copiados hacia el año 200. La mayoría de los investigadores sitúa su composición en el siglo II; una minoría defiende una fecha del siglo I. Puede leerse en español en varias ediciones y en inglés en la traducción de Thomas Lambdin que recoge Early Christian Writings. Empieza así: «Estos son los dichos secretos que pronunció Jesús el viviente y que escribió Dídimo Judas Tomás».

¿Quién escondió los manuscritos y por qué?

Nadie lo sabe con certeza. La hipótesis más citada la formuló el propio Robinson en su introducción a The Nag Hammadi Library in English (1977): los libros habrían pertenecido a un monasterio pacomiano cercano (el monacato cenobítico de san Pacomio nació precisamente en esa zona) y los monjes los habrían enterrado después de la Carta Festal 39 de Atanasio de Alejandría, del año 367.

En esa carta, Atanasio enumera los libros que considera canónicos, incluidos los 27 del Nuevo Testamento actual, y advierte contra los «apócrifos», que define como «una invención de herejes». Es el primer listado conocido que coincide exactamente con el Nuevo Testamento de hoy.

La relación entre la carta y el entierro es una deducción, no un hecho documentado. Investigadores como Hugo Lundhaug y Lance Jenott han reforzado la vinculación con ambientes monásticos, pero otros piensan que los códices pudieron pertenecer a particulares o que se enterraron con un difunto, una costumbre conocida en Egipto. La imagen popular de monjes huyendo de inquisidores para salvar los libros prohibidos no tiene apoyo en las fuentes.

¿Son los «evangelios prohibidos» que la Iglesia sacó de la Biblia?

Aquí está el malentendido más extendido. Ningún concilio votó qué evangelios quedaban fuera, y en particular el Concilio de Nicea no eligió los libros de la Biblia. El canon se fue formando a lo largo de siglos por el uso de las comunidades. Ya hacia 180, Ireneo de Lyon defendía que solo había cuatro evangelios legítimos y atacaba a los grupos gnósticos en su obra Contra las herejías.

Por eso los textos de Nag Hammadi no «desaparecieron de la Biblia»: nunca formaron parte de ella en las grandes iglesias. Lo que sí ocurrió es que, durante siglos, solo se conocía el pensamiento gnóstico a través de sus adversarios. El hallazgo permitió leer por fin a esos grupos con sus propias palabras.

Tampoco hay que confundir esta colección con otros textos famosos. El Evangelio de Judas, por ejemplo, no salió de Nag Hammadi, sino de otro códice copto (el Códice Tchacos) que apareció en el mercado de antigüedades en los años setenta. Y los Manuscritos del Mar Muerto, descubiertos a partir de 1947 en Qumrán, son textos judíos sin relación con este hallazgo.

¿Dice el Evangelio de Felipe que Jesús besaba a María Magdalena en la boca?

Es la frase más citada de Nag Hammadi, pero el papiro está dañado justo ahí. La traducción de Wesley Isenberg que reproduce Early Christian Writings dice: «Y la compañera del […] María Magdalena. […] la amaba más que a todos los discípulos [y solía] besarla en su […]». La palabra «boca» es una reconstrucción de los editores, no algo que se lea en el manuscrito.

Además, en el Evangelio de Felipe el beso tiene un sentido simbólico: el propio texto dice que los perfectos «conciben por un beso». Sobre lo que sí se sabe de esta figura, puede leerse nuestro artículo sobre María Magdalena y la etiqueta de prostituta.

¿Dónde están hoy y cómo se publicaron?

Tras pasar por varias manos, la mayoría de los códices fueron confiscados por el Departamento de Antigüedades egipcio y, después de la revolución de 1952, quedaron en el Museo Copto de El Cairo como propiedad nacional. Una excepción fue el Códice I, adquirido a comienzos de los años cincuenta por el Instituto C. G. Jung de Zúrich, por lo que se le conoce como «Códice Jung»; fue devuelto a El Cairo por partes hasta 1975.

La publicación fue lenta y conflictiva. Entre 1972 y 1977 la editorial Brill publicó la edición facsímil completa, bajo el patrocinio de la UNESCO y el gobierno egipcio, y en 1977 apareció la traducción inglesa dirigida por Robinson. El archivo fotográfico de ese proyecto se conserva en el Nag Hammadi Archive de la Claremont Colleges Digital Library.

La difusión masiva llegó en 1979 con Los evangelios gnósticos de Elaine Pagels, un libro de divulgación que popularizó la idea de un cristianismo primitivo más diverso de lo que se creía.

¿Por qué son importantes los manuscritos de Nag Hammadi?

Antes de 1945, casi todo lo que se sabía de los gnósticos procedía de quienes los combatían: Ireneo, Hipólito, Epifanio. Nag Hammadi cambió eso. Permitió comprobar que algunas descripciones de los Padres de la Iglesia eran bastante fieles y que otras eran caricaturas, y mostró la enorme variedad de grupos cristianos de los siglos II y III.

Lo que no hacen es revelar una biografía alternativa de Jesús. Ninguno de estos textos aporta datos históricos sobre su vida que puedan considerarse más antiguos o fiables que los evangelios canónicos, con la posible excepción de algunos dichos de Tomás, cuyo valor se sigue discutiendo. Su interés está en lo que revelan de las comunidades que los escribieron y leyeron.

Preguntas frecuentes

¿Cuántos libros se encontraron en Nag Hammadi?

Doce códices encuadernados y hojas sueltas de un decimotercero, con 52 tratados en total. Algunos textos aparecen repetidos en varios códices.

¿En qué idioma están los manuscritos de Nag Hammadi?

En copto, sobre todo en el dialecto sahídico. Son traducciones de obras compuestas originalmente en griego.

¿El Evangelio de Tomás está en la Biblia?

No. Nunca formó parte del canon de ninguna gran iglesia. Se conocía por citas y fragmentos griegos, y el texto completo solo apareció en Nag Hammadi.

¿Qué relación tiene Nag Hammadi con los Manuscritos del Mar Muerto?

Ninguna directa. Los del Mar Muerto son textos judíos hallados en Qumrán a partir de 1947; los de Nag Hammadi son cristianos y gnósticos, encontrados en Egipto en 1945.

¿Qué tiene que ver esto con el debate sobre la reencarnación?

Algunos textos gnósticos hablan de la transmigración de las almas, una idea que la Iglesia rechazó. Sobre cómo se condenó en el siglo VI, puede leerse nuestro artículo sobre Justiniano y la creencia en la reencarnación.

Fuentes: James M. Robinson (ed.), The Nag Hammadi Library in English (1977; ed. revisada 1988); Mark Goodacre, «How Reliable is the Story of the Nag Hammadi Discovery?», JSNT 35/4 (2013); Atanasio, Carta Festal 39; Nag Hammadi Archive (Claremont); Early Christian Writings: Evangelio de Tomás.

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