La revuelta de Niká fue una insurrección popular que estalló en Constantinopla en enero de 532 contra el emperador Justiniano. Duró cerca de una semana, incendió media ciudad y terminó con una matanza en el Hipódromo en la que, según Procopio, murieron más de 30.000 personas. Según ese mismo cronista, la emperatriz Teodora convenció a Justiniano de no huir.

Pocas escenas de la historia bizantina se citan tanto como esta: un emperador a punto de embarcarse para escapar de su propia capital y una emperatriz que lo detiene con una frase. Pero detrás de la anécdota hay una crisis política real, unas fuentes que no siempre coinciden y una mujer cuya fama ha sido moldeada, para bien y para mal, por el mismo historiador.
¿Qué fue la revuelta de Niká?
Fue la mayor rebelión urbana que sufrió Justiniano I, emperador romano de Oriente entre 527 y 565. Su nombre procede del grito que coreaban los amotinados: Niká, «¡vence!» o «¡victoria!», la misma palabra con la que el público animaba a los aurigas en las carreras de carros.
Procopio de Cesarea, secretario del general Belisario y testigo de los hechos, la narra en el libro I de su Historia de las guerras (capítulo 24). Explica que «la consigna que el pueblo se pasaba de uno a otro era Niká, y la insurrección ha sido llamada con este nombre hasta hoy». Su relato puede leerse completo en la traducción inglesa de H. B. Dewing en el Proyecto Gutenberg. La otra fuente principal es la Crónica de Juan Malalas, escrita desde la perspectiva de un habitante de la ciudad y no desde el palacio.
¿Quiénes eran los Azules y los Verdes?
En Constantinopla, como antes en Roma, las carreras del Hipódromo estaban organizadas por «facciones» identificadas por colores. En el siglo VI las dos grandes eran los Azules y los Verdes. Eran mucho más que hinchadas deportivas: tenían jerarquía, recursos, peso en las ceremonias públicas y una notable capacidad de movilización violenta.
Procopio las describe con desprecio. Dice que sus miembros se peleaban por el nombre de un color sin importarles si la patria sufría, «de modo que yo, por mi parte, no puedo llamar a esto otra cosa que una enfermedad del alma». Justiniano había favorecido durante años a los Azules, lo que hacía todavía más improbable que ambas facciones se unieran contra él.
¿Por qué empezó la revuelta?
El detonante fue judicial. Según Malalas, el prefecto de la ciudad, Eudemón, había condenado a muerte a varios miembros de las facciones por asesinatos cometidos durante unos disturbios. En la ejecución, hacia el 10 de enero de 532, el patíbulo falló y dos de los condenados sobrevivieron: uno era Azul y el otro Verde. Unos monjes los llevaron a refugiarse en una iglesia, que fue rodeada por soldados.
El 13 de enero, durante las carreras, las dos facciones pidieron a gritos clemencia para los dos hombres. No obtuvieron respuesta. Al final de la jornada, en lugar de animar cada una a su color, corearon juntas «¡Niká!» y se lanzaron contra el palacio y la prefectura. Asaltaron la cárcel, liberaron a los presos y prendieron fuego a la ciudad.
Había además un malestar acumulado. Procopio carga contra dos altos funcionarios: el prefecto del pretorio Juan de Capadocia, a quien acusa de exprimir a los contribuyentes, y el cuestor Triboniano, el jurista que dirigía la gran reforma legal del emperador, de la que salió el Código de Justiniano. Los amotinados exigieron su caída y Justiniano los destituyó, pero la revuelta continuó. Historiadores como Geoffrey Greatrex («The Nika Riot: A Reappraisal», Journal of Hellenic Studies, 1997) atribuyen la escalada sobre todo a la indecisión e inconsistencia del emperador frente a las facciones.
¿Qué destruyeron los amotinados?
Según Procopio, el fuego arrasó la iglesia de Santa Sofía, los baños de Zeuxipo, parte del palacio imperial desde los propileos y los grandes pórticos que llegaban hasta el foro de Constantino, además de muchas casas de gente rica. La basílica destruida era la que había inaugurado Teodosio II en 415. Sobre sus ruinas, Justiniano levantaría la actual Santa Sofía, construida en menos de seis años.
¿Quién era Teodora antes de ser emperatriz?
Casi todo lo que sabemos de su juventud procede de la Historia secreta de Procopio, un libro escrito para no ser publicado en vida del autor y lleno de ataques personales contra la pareja imperial. Según ese texto (capítulo 9, en Gutenberg), Teodora era hija de Acacio, cuidador de los osos del Hipódromo al servicio de los Verdes. Al morir el padre, los Verdes negaron el puesto a la familia y fueron los Azules quienes se lo concedieron. Teodora trabajó después como actriz, un oficio que en la época equivalía a una condición social infame.
Los detalles escabrosos que añade Procopio deben leerse con cautela: son un panfleto de odio, no un informe neutral. Lo que sí está documentado es que Justiniano se casó con ella hacia 525, después de que su tío, el emperador Justino I, modificara la ley que prohibía a los senadores casarse con antiguas actrices. Cuando Justiniano subió al trono en 527, Teodora fue coronada augusta y ejerció una influencia política poco común hasta su muerte, en 548.
¿Qué dijo Teodora durante la revuelta?
Al quinto día, Justiniano ordenó salir del palacio a Hipacio y Pompeyo, sobrinos del difunto emperador Anastasio, a quienes consideraba sospechosos. Al día siguiente la multitud los encontró y proclamó emperador a Hipacio en el foro de Constantino; a falta de diadema, le pusieron en la cabeza un collar de oro. Procopio cuenta que María, la esposa de Hipacio, se aferró a él llorando y gritando que lo llevaban a la muerte.
En el palacio, el consejo imperial discutía si huir por mar. Entonces, según Procopio, habló Teodora. Su discurso, en la traducción de Dewing, incluye estas ideas:
- «Considero que el momento presente, más que ningún otro, es inoportuno para la huida, aunque traiga la salvación».
- «Para quien ha sido emperador es insoportable ser un fugitivo. Que nunca me vea separada de esta púrpura».
- «Si quieres salvarte, oh emperador, no hay dificultad: tenemos mucho dinero, ahí está el mar, aquí los barcos».
- «Yo apruebo un antiguo dicho: la realeza es una buena mortaja».
Procopio concluye que, tras escucharla, «todos se llenaron de audacia» y empezaron a planear la defensa.
¿Es auténtico el discurso?
Probablemente no palabra por palabra. Los historiadores antiguos componían discursos para sus personajes según lo que creían adecuado a la situación. Además, la frase final adapta un dicho clásico atribuido al entorno de Dionisio de Siracusa, que originalmente decía que «la tiranía es una buena mortaja». Algunos estudiosos, como J. A. S. Evans, han sugerido que Procopio pudo usar esa cita para insinuar que Justiniano gobernaba como un tirano. Otros, como Clemens Koehn, consideran que el pasaje resume debates reales del palacio y señalan fuentes que sugieren que Justiniano llegó a salir temporalmente del palacio. Lo prudente es decir que Teodora tuvo un papel decisivo según Procopio, pero que sus palabras exactas son una reconstrucción literaria.
¿Cómo terminó la revuelta de Niká?
Con una masacre. Justiniano contaba con dos generales que estaban en la ciudad con tropas propias: Belisario, recién llegado de la guerra contra Persia, y Mundo, al frente de mercenarios hérulos. La guardia del palacio se negó a abrirle paso a Belisario, que tuvo que llegar al Hipódromo atravesando ruinas y edificios a medio quemar.
Las crónicas posteriores añaden que el eunuco Narsés repartió oro entre los líderes de los Azules para recordarles que el emperador era su protector, y que eso dividió a las facciones. Cuando la multitud estaba reunida en el Hipódromo para aclamar a Hipacio, Belisario y Mundo entraron por dos lados y atacaron con las espadas desenvainadas. «Pereció entre el pueblo aquel día más de treinta mil», escribe Procopio. Otras fuentes dan cifras distintas, y ninguna puede comprobarse con exactitud, pero todas coinciden en que fue una matanza enorme de civiles.
Hipacio y Pompeyo fueron arrestados. Según Procopio, Hipacio sostuvo que el pueblo los había obligado y que no habían ido al Hipódromo con intención de dañar al emperador. No sirvió de nada: los soldados los mataron al día siguiente y arrojaron sus cuerpos al mar. Justiniano confiscó sus bienes y los de los senadores que los apoyaron, aunque más tarde devolvió títulos y parte de las propiedades a sus hijos.
¿Qué consecuencias tuvo?
A corto plazo, Justiniano salió reforzado. La aristocracia senatorial que había visto una oportunidad en Hipacio quedó escarmentada, y el emperador pudo emprender sus grandes proyectos: la reconstrucción de la capital, la culminación de la obra legislativa y, desde 533, las campañas de reconquista en África e Italia. Juan de Capadocia y Triboniano, destituidos para calmar a la multitud, volvieron poco después a sus cargos.
Las facciones no desaparecieron. Malalas registra nuevos disturbios graves en 565, el último año del reinado. Y el prestigio de Teodora quedó ligado para siempre a aquella jornada. La imagen que la posteridad conserva de ella, la del mosaico de San Vital de Rávena, con la diadema y el manto púrpura que no quiso abandonar, se realizó apenas quince años después.
Preguntas frecuentes
¿Qué significa «Niká»?
Es un imperativo griego que significa «¡vence!» o «¡gana!». Era el grito habitual con que el público animaba a los aurigas y fue la consigna que unió a Azules y Verdes contra el emperador.
¿Cuántos murieron en la revuelta de Niká?
Procopio afirma que más de 30.000 personas murieron en el Hipódromo el día de la represión. Es la cifra más citada, pero procede de un autor antiguo y no puede verificarse; otras crónicas dan cifras diferentes.
¿Teodora salvó el trono de Justiniano?
Según Procopio, su discurso convenció al consejo de no huir. Los historiadores aceptan que tuvo un papel importante, aunque las palabras exactas son una reconstrucción literaria del cronista.
¿Quién fue Hipacio?
Un sobrino del emperador Anastasio I, proclamado emperador por los amotinados. Fue ejecutado tras la matanza del Hipódromo, aunque Procopio sugiere que aceptó a la fuerza.
¿Dónde se puede ver el retrato de Teodora?
En el mosaico del ábside de la basílica de San Vital de Rávena, en Italia, realizado hacia 547, poco antes de su muerte.
Fuentes: Procopio, Historia de las guerras, I.24 (trad. H. B. Dewing, Proyecto Gutenberg); Procopio, Historia secreta, cap. 9 (Proyecto Gutenberg); Juan Malalas, Crónica, 18.71; G. Greatrex, «The Nika Riot: A Reappraisal», Journal of Hellenic Studies 117 (1997); J. B. Bury, «The Nika Riot», Journal of Hellenic Studies 17 (1897); C. Koehn, «Stasiôtai into stratiôtai: the Nika Riot revisited», Byzantinische Zeitschrift 116 (2023).