La peste de Justiniano: así fue la primera pandemia de la historia

La peste de Justiniano fue la primera pandemia de peste bubónica documentada: estalló en 541 en Pelusio (Egipto), llegó a Constantinopla en la primavera de 542 y en dos años alcanzó todos los rincones del Imperio romano de Oriente. La causó la bacteria Yersinia pestis, la misma de la Peste Negra, algo que la genética confirmó apenas en 2013. El propio emperador Justiniano se contagió y sobrevivió.

Durante siglos se discutió si los cronistas exageraban o si aquella «pestilencia» era otra enfermedad. Hoy sabemos más que nunca sobre ella, gracias a esqueletos de tumbas medievales, papiros egipcios y testigos que la vieron de cerca. Esto es lo que dicen las fuentes, y también lo que todavía no se sabe.

¿Qué fue la peste de Justiniano y cuándo ocurrió?

El brote principal se fecha entre 541 y 549. Lleva el nombre del emperador que reinaba en Constantinopla, Justiniano I, aunque él no tuvo nada que ver con su origen. Fue la primera oleada de lo que los historiadores llaman la Primera Pandemia, una serie de rebrotes que siguieron golpeando el Mediterráneo y Europa hasta mediados del siglo VIII.

La cronología es bastante precisa porque un testigo la anotó. Procopio de Cesarea, secretario del general Belisario y el gran historiador de la época, escribe en el libro II de sus Guerras: «Empezó entre los egipcios que viven en Pelusio». De allí siguió dos caminos: hacia Alejandría y el resto de Egipto, y hacia Palestina. Para 543 se había extendido por todo el imperio.

¿Cómo llegó la peste a Constantinopla?

Constantinopla vivía del trigo egipcio. Cada año, flotas de barcos cargados de grano cruzaban el Mediterráneo hacia la capital, y con ellos viajaban ratas y pulgas. La explicación más aceptada es que la bacteria llegó así, en las bodegas, hasta los almacenes de una ciudad de cientos de miles de habitantes.

Procopio estaba en Constantinopla en 542 y describe la epidemia con detalle clínico. Habla de fiebre, delirios y visiones, y de una hinchazón —el bubón— que aparecía «en la ingle, en la axila y en algunos casos detrás de las orejas». Unos morían enseguida, otros días después; algunos se salvaban cuando el bubón supuraba.

Su relato de las cifras es el más citado: la mortandad subió hasta llegar a «cinco mil cada día, y de nuevo diez mil y aún más». Cuando ya no quedaba lugar para enterrar, los cadáveres se arrojaron dentro de las torres de las murallas de Sicas, en la orilla de Gálata, que fueron destechadas, llenadas y vueltas a cubrir. El olor, dice, cubría la ciudad.

¿Cuántas personas murieron?

Aquí conviene separar lo seguro de lo discutido. Las estimaciones tradicionales hablan de que pudo morir alrededor de una quinta parte de la población de Constantinopla en el brote de 542. Para toda la Primera Pandemia, a lo largo de dos siglos, las cifras que circulan van de 15 a 100 millones de muertos, un rango tan amplio que dice más sobre nuestra ignorancia que sobre la peste.

En 2019, los historiadores Lee Mordechai y Merle Eisenberg publicaron un estudio que sostiene que el impacto fue exagerado: revisaron papiros, monedas, leyes y polen y no encontraron el desplome demográfico que otros suponían. Otros especialistas, como Peter Sarris, les respondieron que la evidencia sí muestra una catástrofe. El debate sigue abierto, y es honesto decirlo así.

¿Se contagió el emperador Justiniano?

Sí. Justiniano contrajo la enfermedad en 542 y se recuperó. Procopio lo menciona en las Guerras y vuelve sobre el episodio en su Historia secreta, el libelo que escribió contra el emperador y su esposa: «La peste se volvió epidemia en Constantinopla y el emperador Justiniano cayó gravemente enfermo; incluso se dijo que había muerto».

Ese rumor tuvo consecuencias políticas. En el campamento del ejército, algunos oficiales dijeron que no reconocerían a un emperador impuesto desde la capital. Cuando Justiniano se curó, la emperatriz Teodora tomó aquellas palabras como una amenaza personal. Uno de los acusados, el general Buzes, pasó más de dos años encerrado en un sótano del palacio, según el mismo Procopio. El otro señalado era Belisario, que cayó en desgracia por un tiempo.

¿Qué dicen los testigos que la sobrevivieron?

Además de Procopio, hay otros dos testigos clave. Juan de Éfeso, historiador de la Iglesia que escribía en siríaco, dejó otro relato de primera mano de los estragos de la epidemia. El tercero es Evagrio Escolástico, que de niño, en Antioquía, tuvo bubones y sobrevivió. En su Historia eclesiástica cuenta que en los rebrotes posteriores perdió a su esposa, a una hija y al hijo de esta, y a otros de sus hijos.

Ese detalle, poco conocido, es quizá lo más cercano que tenemos a una voz personal de la pandemia: un hombre que la vivió de niño y que décadas después seguía enterrando a su familia por la misma enfermedad.

¿Cómo se demostró que era la misma bacteria de la Peste Negra?

Durante mucho tiempo, la identificación de la enfermedad se basó en los síntomas que describían los cronistas. En 2013, investigadores que analizaron ADN de esqueletos de un cementerio de Aschheim, en Baviera, confirmaron la presencia de Yersinia pestis. Después se encontró en otros enterramientos: en Edix Hill, cerca de Cambridge, en Inglaterra, y en una fosa común de Jerash, en la actual Jordania.

Hay un matiz que suele perderse: la cepa de Justiniano no es la antepasada directa de la que causó la Peste Negra en 1347. Fue una rama distinta, que surgió del mismo reservorio de roedores en Asia central —los estudios apuntan a la región del Tian Shan— y que acabó extinguiéndose. Existe también una hipótesis alternativa que sitúa la entrada de la bacteria por el reino de Aksum, en el este de África, por las rutas comerciales del mar Rojo.

¿Qué consecuencias tuvo la peste de Justiniano?

Las consecuencias inmediatas se ven en documentos muy concretos. Los papiros egipcios muestran aumentos de salarios de hasta un 150 % en los años posteriores, señal de que faltaba mano de obra. El emperador tuvo que legislar sobre herencias, porque familias enteras desaparecían sin dejar herederos claros.

Procopio, en la Historia secreta, acusa además a Justiniano de seguir cobrando los impuestos de los muertos a sus vecinos sobrevivientes. Es una acusación interesada, escrita por un enemigo, pero muestra el peso fiscal de la catástrofe sobre los que quedaron.

A mediano plazo, muchos historiadores relacionan la pandemia con el freno de los planes de reconquista de Justiniano en Occidente. Tres años después de la muerte del emperador, en 568, los lombardos invadieron Italia y el imperio no tuvo cómo retenerla. Hasta qué punto la peste explica ese retroceso es parte del debate abierto por Mordechai y Eisenberg.

Mito y realidad: ¿acabó la peste con el Imperio romano?

Mito: la peste de Justiniano destruyó el Imperio romano y abrió la Edad Media.

Realidad: el Imperio romano de Oriente siguió existiendo nueve siglos más, hasta la caída de Constantinopla en 1453. Lo que sí está bien documentado es que la epidemia golpeó al imperio en su momento de mayor ambición, cuando Justiniano acababa de terminar Santa Sofía y de publicar su código de leyes, y cuando sus ejércitos peleaban en Italia.

Un dato más reciente: estudios publicados en 2024 vinculan esta pandemia y sus rebrotes con un periodo de clima más frío y seco en el siglo VI, que habría alterado las cosechas y los hábitats de los roedores. No es una causa única, pero ayuda a entender por qué la enfermedad encontró un terreno tan favorable.

Procopio, que la vio, lo resumió con una frase que hoy suena familiar: fue una pestilencia «por la que toda la raza humana estuvo cerca de ser aniquilada». Exageraba, como casi todos los cronistas antiguos. Pero quien lea su relato de las torres de Sicas entiende por qué lo escribió así.

Fuentes: Procopio, Guerras II, 22-23 (texto en el Internet History Sourcebook de Fordham); Procopio, Historia secreta (traducción de Atwater, 1927); Plague of Justinian (resumen de la bibliografía, incluidos los estudios genéticos y el debate Mordechai-Eisenberg).

Preguntas frecuentes

¿Cuándo fue la peste de Justiniano?

El brote principal ocurrió entre 541 y 549. Se registró primero en Pelusio, Egipto, en 541, y golpeó Constantinopla en 542. Los rebrotes de esta Primera Pandemia continuaron hasta mediados del siglo VIII.

¿Qué enfermedad fue la peste de Justiniano?

Fue peste bubónica, causada por la bacteria Yersinia pestis. El ADN de la bacteria se identificó en esqueletos de la época en 2013.

¿Cuántas personas murieron en la peste de Justiniano?

Se calcula que pudo morir alrededor de una quinta parte de la población de Constantinopla en 542. Para toda la pandemia y sus rebrotes las estimaciones van de 15 a 100 millones, y algunos historiadores sostienen que esas cifras son exageradas.

¿Justiniano tuvo la peste?

Sí. El emperador se contagió en 542 y se recuperó. Procopio cuenta que llegó a correr el rumor de que había muerto.

¿La peste de Justiniano y la Peste Negra son la misma?

Las causó la misma especie de bacteria, pero cepas distintas. La de Justiniano no es la antepasada directa de la que provocó la Peste Negra en 1347.

¿Por qué se llama peste de Justiniano?

Porque ocurrió durante el reinado de Justiniano I (527-565), emperador romano de Oriente, que además se contagió de ella.

Imagen de portada: «San Sebastián intercediendo por los apestados», de Josse Lieferinxe (hacia 1497-1499), Walters Art Museum. Dominio público, vía Wikimedia Commons.

Compartir X WhatsApp Facebook